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El Museo de las Ferias exhibe obras de alumnos de Rubens o Gregorio Martínez donadas

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MEDINA DEL CAMPO (VALLADOLID), 13 (EUROPA PRESS)

El Museo de las Ferias expone desde este sábado 13 de abril un conjunto de nueve obras donadas por los medinenses Andrea Concepción Gutiérrez Cisneros y Luciano Díaz Sánchez. Se trata de una colección de pintura religiosa de procedencias diversas entre las que se encuentran dos obras que han sido atribuidas a discípulos de Pedro Pablo Rubens y Gregorio Martínez.

Este conjunto de manifestaciones artísticas forma parte de la colección privada de ete matrimonio cuyo deseo es que se enriquezca el conjunto expositivo de este centro museístico, único museo de su género en el país, ya que las obras encajan en fecha y temática con el repaso que en él se hace de la historia de las ferias de mercancías y financieras de los siglos XV y XVI.

La donación de estos tesoros de «arte sacro» permite ampliar el fondo del Museo que incorporará tres de ellas a su exposición permanente y el resto se conservarán entre sus fondos para futuras muestras.

El conjunto de obras en el que conviven pinturas sobre tabla, cobre y lienzo, junto con un pequeño relieve en madera policromada, quedarán expuestas en la sala Simón Ruiz desde el 13 de abril hasta el domingo 5 de mayo bajo el título ‘Pinturas de colección. Cuadros donados por Andrea Concepción Gutiérrez Cisneros y Luciano Díaz Sánchez’.

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Las tres principales pinturas de esta extensa colección son dos representaciones de la Sagrada Familia con San Juanito y una tercera de la Inmaculada Concepción. Así, la primera de las Sagradas Familias muestra la versión en la que María está enseñando a leer al Niño Jesús, con San Juanito y tres ángeles músicos, siguiendo una creación original flamenca, conservada en la catedral de Rouen (hacia 1550), llevada al buril en 1581 según dibujo de Bartholomeus Spranger y grabado de Johan Sadeler, con la consiguiente difusión del modelo a través de la estampa.

Las características de esta tabla llevan, según las primeras investigaciones, a un pintor del círculo de Gregorio Martínez -el más destacado de los pintores manieristas castellanos de los años finales del siglo XVI- que conoce de cerca los recursos del maestro.

La segunda es una pintura sobre plancha de cobre en la que la Sagrada Familia con San Juanito y un angelito, aparecen en una escena campestre que recuerda las composiciones de Pedro Pablo Rubens y, en efecto, a él se debe la creación original de la escena, difundida también a través de la estampa, en este caso, por parte de uno de sus discípulos más cercanos: el grabador flamenco Willem Panneels (h.1600-h.1632), quien compuso un grabado a partir de un dibujo del maestro hacia 1631.

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Una cartela antigua que figura en el dorso del cobre donado recoge el nombre de Cornelis Schut como autor de la obra, refiriéndose al pintor y grabador flamenco activo en la primera mitad del siglo XVII, del que consta su relación directa con el maestro de Amberes; posiblemente lo pintara a partir de la citada estampa de Panneels.

Por último, la Inmaculada Concepción es un lienzo cuyo sentido clasicista lleva a obras similares de la tradición pictórica de mediados del siglo XVIII, quizá de procedencia valenciana, aunque no se puede determinar por el momento una atribución determinada. En cuanto a las seis obras restantes se está a la espera de las conclusiones de los estudios ya iniciados, no obstante consta de un primer grupo de cinco pinturas sobre tabla de la primera mitad del siglo XVI, dos de las cuales podrían proceder de talleres levantinos en los que son habituales elementos característicos como los brocados y nimbos dorados y punzonados.

Éste es el caso de la más antigua de todas, la que representa la escena apócrifa de la Coronación de la Virgen María por la Trinidad, que se remonta hacia 1500, cuyos personajes lucen resplandores y orlas doradas en sus ropajes. En cuanto a la otra tabla, su datación se podría situar en el segundo cuarto del siglo XVI y representa a San Pedro, en tres cuartos, con un rostro de concepción diferente a lo habitual en Castilla, ante un fondo de brocado de oro. Las pérdidas de policromía tanto en el personaje como en el dorado del fondo dificultan una detenida lectura de sus características formales y de estilo.

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Las restantes tres pinturas de esta cronología -deben fecharse en la década de 1530- son las que representan el Bautismo de Cristo, San Benito y San Bernardo. El Bautismo, con personajes de rostros de perfil y vestiduras de pliegues duros y lineales, recuerda las composiciones de los pintores vallisoletanos y palentinos de aquella época, que dejaron su huella en infinidad de retablos de tablas pintadas, muchos de ellos aún conservados en pequeñas parroquias terracampinas, en los que es habitual la fidelidad a los modelos berruguetescos.

Las pequeñas tablas de los santos monásticos, que representan a San Benito y San Bernardo – ambos con báculo abacial y en actitud de pedir limosna-, quizá formaran parte de un tríptico perdido del que nos falta la tabla central. Por último, completa este grupo de obras el ya mencionado relieve en madera policromada de mediados del siglo XVI que representa a San Pablo en una concepción muy popular.


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