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Las bombas de racimo dejaron 286 muertos y heridos en 2019, principalmente en Siria

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MADRID, 25 (EUROPA PRESS)

Las bombas de racimo son, por su carácter indiscriminado, una de las armas más peligrosas para la población civil. Su uso está restringido conforme a la Convención sobre Municiones de Racimo, ratificada hasta la fecha por 110 países, pero en 2019 289 personas murieron o resultaron heridas por la explosión de algunos de estos artefactos, principalmente en Siria.

Así figura en un informe de la coalición global que vigila el uso de este armamento, según la cual solo en territorio sirio hubo 232 víctimas en 2019. Los expertos estiman que las fuerzas leales al régimen de Bashar al Assad, que tienen a Rusia como principal valedor externo, han utilizado bombas de racimo en 686 ocasiones desde julio de 2012.

Además de en Siria, también se registraron en 2019 ataques de este tipo en Libia –atribuidos a las fuerzas leales al general Jalifa Haftar en el marco de su ofensiva sobre Trípoli–, al tiempo que se tiene constancia de víctimas en Afganistán, Irak, Laos, Líbano, Serbia, Sudán del Sur, Siria y Yemen.

También se han registrado víctimas en los territorios del Sáhara Occidental y Nagorno Karabaj, escenarios ambos donde precisamente se han disparado las tensiones en estas últimas semanas. Human Rights Watch (HRW) ha acusado a Armenia y Azerbaiyán de utilizar este armamento en sus combates de octubre por el control de Nagorno-Karabaj.

Una de las principales preocupaciones que las organizaciones defensoras de los Derechos Humanos para reclamar el fin de las bombas de racimo es su carácter indiscriminado, tanto a la hora de explotar y separarse en distintas submuniciones en un primer momento como por la posibilidad de que algunas de estas queden en el suelo, sin estallar. Esta última variable explica que el 99 por ciento de las víctimas de estas armas sean civiles y que cuatro de cada diez sean niños.

LA IMPORTANCIA DEL TRATADO

La convención internacional que entró en vigor en agosto de 2010 prohíbe las municiones de racimo y reclama la destrucción de los arsenales, con la vista puesta también en los trabajos de limpieza de los territorios que puedan estar contaminados y la atención a las víctimas.

El jefe de la Coalición de Municiones de Racimo y director de temas armamentísticos en la ONG Human Rights Watch (HRW), Steve Goose, ha subrayado que, a día de hoy, aún hay actores bélicos que «tienen que aceptar que la mayor parte del mundo prohíbe estas municiones» y que se debe «prevenir más sufrimiento humano».

Conforme a lo dispuesto por el tratado, 36 países han destruido un total de 1,5 millones de municiones y más de 178 millones de submuniciones, alrededor del 99 por ciento de los arsenales declarados a nivel mundial. Sin embargo, desde la firma hay constancia del uso de estas bombas en Camboya, Libia, Sudán del Sur, Sudán, Siria, Ucrania y Yemen.