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La subsecretaria del Sínodo de los Obispos alerta de que “marginar a las mujeres” en la Iglesia aleja a los jóvenes

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ROMA, 18 (EUROPA PRESS)

La subsecretaria del Sínodo de los Obispos, la religiosa javierana francesa Nathalie Becquart, ha alertado de que “marginar a las mujeres” en la Iglesia aleja a los jóvenes al tiempo que ha subrayado el sentir de muchas católicas que “acusan la falta de liderazgo de modelos femeninos en la Iglesia”.

“Si seguimos marginando a las mujeres vemos lo que pasa como consecuencia, es que alejamos a los jóvenes”, ha denunciado Becquart, primera mujer en tener voto en el Sínodo, durante su participación en la ‘Conferencia Internacional: mujeres en la Iglesia’ organizada de forma virtual por la Academia Latinoamericana de Líderes Católicos.

Becquart, que ocupa el cargo de secretaria en el Sínodo de Obispos desde febrero, ha incidido en que durante muchos años la Iglesia y la sociedad ha vivido “bajo la estructura del patriarcado”, que define las diferencias entre “hombres y mujeres en términos de dominio y jerarquía”. Para la religiosa francesa, la única vía para superar este paradigma es “articular y vivir tanto las diferencias entre hombre y mujeres, como la igualdad que da el bautismo”.

En este sentido, ha dejado claro que cualquier “dominio” o “superposición” basado en la diferencia del sexo “ofende a la dignidad humana”. “La relación entre el hombre y la mujer exige reciprocidad, diálogo, comunión y fecundidad”, ha asegurado.

Además, ha manifestado que entre los jóvenes católicos ha surgido con fuerza la petición de dar “un mayor reconocimiento y valoración a las mujeres en la Iglesia”, si bien ha precisado que es algo transversal que ha sucedido de forma paralela en la sociedad.

Así, ha manifestado que hace dos o tres décadas este “clamor” partía solo de las mujeres, pero “en cambio hoy en día hay cada vez más sacerdotes, obispos y laicos” se ocupan de dar impulso a este camino. Bajo esta premisa, ha enmarcado el próximo Sínodo convocado por el Papa para 2023, que es fruto del “desafío de escuchar la voz de las mujeres y del pueblo de Dios”.

“El camino de la sinodalidad es el camino de la Iglesia del tercer milenio. Una Iglesia inclusiva donde todos los bautizados caminan juntos, que pone en marcha el Concilio Vaticano II al poner el acento en lo que nos une más que en lo que nos diferencia”, ha declarado.

En este sentido, ha especificado que en este camino sinodal no es posible “dejar de reflexionar sobre el papel de la mujer”. “La presencia de mujeres en funciones de responsabilidad y la participación de la mujer en la toma de decisiones en la Iglesia -respetando los ministerios ordenados -es una cuestión de justicia”, ha considerado.

“Es un reflejo de cómo Jesús se relacionaba con los demás”, ha añadido. Por ello, ha incidido en que el verdadero reto de la sinodalidad es “encontrar la reciprocidad” entre hombres y mujeres y “una manera de colaborar y compartir que otorgue un lugar a cada uno”.

Para la religiosa francesa, se trata de “fortalecer” las vías de diálogo entre los pastores y los fieles, así como activar “la escucha y la corresponsabilidad de los laicos”. “El Papa nos está invitando a cuestionarnos cómo vivimos y gestionamos la diferencia. Me resisto a encerrar a los hombres o a las mujeres en definiciones rígidas. Creo que los aspectos que los diferencian tienen que ver sobre todo con el misterio”, ha añadido.

Por su parte, el secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), Jorge Eduardo Lozano, ha afirmado que la tarea de dar espacio a las mujeres en la Iglesia es “un desafío” que hay que afrontar superando “las actitudes de temor” o el riesgo de “estar midiendo las consecuencias de cualquier acción”. “En la Iglesia estamos en una especie de tensión”, ha resumido.

En este sentido, ha señalado dos tendencias, la de una Iglesia “demasiado temeraria” o una Iglesia “demasiado estructurada” cuando lo mejor es poner en marcha una “Iglesia viva que preste la atención necesaria a las legítimas reclamaciones de las mujeres”.

“En una Iglesia sinodal se debe procurar que las mujeres tengan una incidencia real y efectiva en las decisiones. Es decir, se trata de ensanchar la mesa procurando que haya lugar para todos y todas”, ha asegurado. Por otro lado, ha llamado a “transitar nuevos caminos” y a “sopesar, comprender y asumir los desafíos que en ese momento histórico” tiene la Iglesia. Para monseñor Lozano, ese cambio de paradigma sólo puede darse si la Iglesia deja de ser “piramidal y clerical” para ser una Iglesia “más sinodal” donde la escucha al otro es fundamental. Por ello, ha reivindicado la “conversión” como un “proceso fundamental” para abrir la puerta a la “presencia y participación de las mujeres”.