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Irán celebra unas presidenciales marcadas por la ausencia de figuras moderadas y con Raisi como claro favorito

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El país está sumido en una crisis económica y en las negociaciones sobre el acuerdo nuclear de 2015

MADRID, 17 (EUROPA PRESS)

Los iraníes están llamados a las urnas este viernes para unas elecciones presidenciales de las que saldrá el sucesor de Hasán Rohani, quien ha cumplido ya el límite de dos mandatos, una votación marcada por la eliminación de las candidaturas de las principales figuras moderadas y en la que el ultraconservador Ebrahim Raisi figura como claro favorito.

Los comicios llegan en un momento delicado para el país a causa de la crisis económica que atraviesa, ahondada por las sanciones impuestas por Estados Unidos y la pandemia de coronavirus, y el proceso de conversaciones en Viena sobre el acuerdo nuclear de 2015, dañado después de que Donald Trump anunciara en 2018 la retirada de Washington del pacto.

La votación llega influida por el proceso de veto del Consejo de Guardianes, organismo que se encarga de filtrar las candidaturas y que ha excluido a los principales candidatos moderados y ha dejado unas papeletas dominadas por las figuras conservadoras, entre las que destaca Raisi, actual jefe del aparato judicial.

Un total de 592 personas presentaron su candidatura a la Presidencia, si bien únicamente siete nombres recibieron ‘luz verde’ del Consejo de Guardianes, integrado por un total de seis clérigos y seis juristas y sujeto a la voluntad del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei.

Así, los seis clérigos que integran el Consejo son elegidos directamente por Jamenei, mientras que los seis juristas son aprobados por el Parlamento a partir de una lista de candidatos presentada por el jefe del aparato judicial –Raisi, en este caso–, quien es también nombrado directamente por el líder supremo.

A pesar de ello, Jamenei se ha mostrado inusualmente crítico con el proceso de veto debido a la eliminación de destacadas figuras moderadas, entre ellas el expresidente del Parlamento Alí Lariyani y el actual vicepresidente Eshaq Yahangiri, quien contaba con el apoyo del bloque reformista aglutinado en torno a la figura del expresidente Mohamad Jatami.

De esta forma, Jamenei destacó que algunos de los candidatos fueron “perjudicados” por informaciones “falsas” que se habrían vertido contra ellos y que fueron sopesadas de cara a la decisión final, si bien no hizo uso de sus competencias especiales para incluir en la papeleta a algún candidato descalificado.

El propio Lariyani pidió la semana pasada al organismo que publique las razones de la exclusión de su candidatura ante lo que describió como “falsedades sobre él y su familia” desde el anuncio de la decisión, debida a su presunta falta de cualificación para ocupar el puesto.

Entre los políticos destacados eliminados figura también el expresidente Mahmud Ahmadineyad, quien ocupó el cargo entre 2005 y 2013 y quien ya quedó excluido en 2017, en lo que ha sido interpretado como un bloqueo de la cúpula del país a sus aspiraciones a volver a la primera línea de la política iraní.

El proceso de veto se ha endurecido desde las primeras elecciones celebradas en 1980 tras la Revolución Islámica de 1979, llegando a su culmen en los comicios de 2017 –en los que Rohani obtuvo un segundo mandato–, cuando sólo se aprobaron cuatro de las 1.636 candidaturas presentadas al Ministerio del Interior.

La gran cantidad de vetos este año se debe en parte a la reciente decisión del Consejo de Guardianes de imponer nuevas restricciones, incluidas que los candidatos deben tener entre 40 y 75 años, al margen de la ya vigente exigencia de que se trate de una persona chií, lo que excluye a las minorías suní, cristiana, judía y bahaí, esta última ampliamente perseguida en el país.

LOS CANDIDATOS

De esta forma, las papeletas están dominadas por cinco candidatos conservadores, un moderado y un reformista, si bien tanto éste último como uno de los conservadores retiraron su candidatura el miércoles al considerar que no contaban con opción alguna de hacerse con la victoria.

El único candidato reformista, Mohsen Mehralizadé –quien fue vicepresidente entre 2001 y 2005–, dio el paso en un aparente intento de impulsar las posibilidades del aspirante moderado, Abdolnaser Hemati, quien era gobernador del Banco Central de Irán hasta que anunció su candidatura a la Presidencia y aparece muy lejos de Raisi en los sondeos de intención de voto.

La decisión de Mehralizadé, quien no logró el apoyo del bloque de Jatami tras la eliminación de la candidatura de Yahangiri, se vio rápidamente respondida por otra del conservador Alireza Zakani de retirar su candidatura y anunciar que él mismo votaría a Raisi, al que describió como “el mejor” candidato.

Raisi, quien ha pasado la mayor parte de su carrera en el aparato judicial, llegó a convertirse en custodio de la fundación religiosa Astan Quds Razavi, la más grande en el mundo islámico, lo que le hace acumular un gran poder y figurar incluso como principal favorito a suceder a Jamenei al frente del país.

El clérigo, quien fue derrotado por Rohani en 2017, fue nombrado en 2019 como jefe del aparato judicial y poco después fue designado como vicepresidente de la Asamblea de Expertos, lo que le permitió aumentar su influencia.

Su principal rival será Hemati, un tecnócrata sin grandes apoyos entre la población que, sin embargo, podría aglutinar votos dado que queda como única opción viable para los moderados. Pese a ello, un sondeo de la cadena de televisión Press TV le da cerca del tres por ciento de las papeletas, frente al casi 60 por ciento de apoyos a Raisi.

Entre el resto de candidatos destaca Mohsen Rezaei, un antiguo jefe de la Guardia Revolucionaria entre 1981 y 1997 que ya se postuló en 2005, 2009 y 2013 y quien ocupó un cargo en el Consejo de Discernimiento, sirviendo incluso como asesor de Jamenei.

Por su parte, Said Jalili, otro político cercano a Jamenei, espera dar el salto a la Presidencia, si bien cuenta con pocas posibilidades. Jalili llegó a ser jefe negociador nuclear de Irán y ha sido nombrado por el líder supremo como integrante del Consejo Supremo de Seguridad Nacional (CSNC).

El último candidato es Amirhosein Qazizadé Hashemi, vicepresidente primero del Parlamento y miembro del organismo desde 2008. Igualmente alineado con los conservadores, ha llegado a abogar por la retirada del país del Tratado de No Proliferación nuclear (TNP).

LA PARTICIPACIÓN, CLAVE

Ante unas elecciones en las que el ganador parece decantado, la tasa de participación figura como uno de los elementos clave de cara a pulsar el malestar popular, tras las múltiples movilizaciones contra la crisis y el sistema de gobierno en los últimos años.

El impacto de las sanciones estadounidenses, criticadas desde Teherán y descritas como parte de una campaña de “guerra económica”, han provocado una caída de la economía, especialmente debido a los efectos de las medidas sobre los sectores petrolero y bancario.

El malestar popular respecto a las políticas gubernamentales se vio reflejado en las parlamentarias de 2020 –en las que los conservadores se hicieron con una amplia mayoría–, marcadas por una participación del 42 por ciento, la más baja de la historia.

En este contexto y ante la exclusión de los principales candidatos moderados, han surgido voces que apuestan por un boicot para mostrar el malestar ante la crisis y la represión por parte de las autoridades.

Por ello, tanto Jamenei como Rohani han incidido en la importancia de una alta participación, argumentando que ello serviría para mostrar un apoyo a la República Islámica y el modelo vigente en el país ante lo que describen como una ofensiva impulsada por Estados Unidos.

Por último, quedará por ver cuál será la política que adoptará el nuevo Gobierno que salga de las urnas respecto al acuerdo nuclear, uno de los asuntos clave de cara a los próximos años, así como el papel que pueda jugar Rohani en el futuro político del país.