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El CSIC insta a limitar la presencia humana y extremar cuidados en la Antártida para que siga libre de COVID-19

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MADRID, 24 (EUROPA PRESS)

Investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han planteado un conjunto de recomendaciones que pasan por limitar la presencia humana y extremar las medidas de prevención, en especial en contacto con la fauna, en la Antártida que, de momento, es el único lugar del planeta libre de coronavirus.

Entre las medidas propuestas, los investigadores apuestan por reducir el acercamiento humano al continente, que se realice pruebas de PCR y se ponga en cuarentena a quienes vayan a visitarlo; el confinamiento de las personas con síntomas o el uso de gel hidroalcohólico así como la desinfección de todo el material textil y de manejo, cada vez que se tenga contacto con la fauna.

Además, plantean que durante el manejo de animales sea obligatorio el uso de gafas, guantes y equipos de protección y que el material de trabajo nunca debe dejarse desatendido evitando que la fauna pueda acercarse a él y debe limitarse al máximo el tráfico de personas entre las diferentes bases o barcos.

«Desconocemos el alcance que podría llegar a tener la expansión de este virus en la fauna antártica, por eso es imprescindible guardar la mayor de las precauciones», señala en investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales del CSIC, Andrés Barbosa.

En la actualidad, la Antártida es el único continente libre de COVID-19 por lo que los investigadores sugieren medidas para evitar que llegue e infecte a la fauna.

Por ejemplo, advierten del riesgo de que las actividades de investigación y turísticas podrían provocar la llegada del virus, que como llegó por la transmisión a humanos desde una especie animal, podría realizar una zoonosis inversa.

De ese modo, insisten en la importancia de que se aplique allí el principio de precaución para evitar una infección de la fauna cuyas consecuencias son impredecibles.

Estas propuestas han sido realizadas por el grupo de trabajo de seguimiento de la salud de la vida silvestre antártica del Comité Científico para la Investigación de la Antártida (SCAR) de varias instituciones, entre las que se encuentra el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN- CSIC) tras preguntarse cuestiones como qué pasaría si el covid-19 infectara a especies como las ballenas, los pingüinos o las focas de la Antártida.

En este contexto, advierten de que puesto que el COVID-19 es muy contagioso, igual que ha pasado por zoonosis de una especie animal al ser humano, podría hacer el recorrido contrario.

El equipo de investigación ha analizado qué posibilidades existen de que la enfermedad llegue y se expanda por el continente a través de las actividades relacionadas con la investigación y el turismo, y propone medidas para evitarlo.

En la actualidad, los datos de los primeros análisis sugieren que los cetáceos tienen gran riesgo de infección mientras que el riesgo en las focas o las aves parece menor.

«Hemos evaluado el riesgo de transmisión inversa, de humanos a animales, en la fauna antártica considerando la información disponible sobre la susceptibilidad de los hospedadores, las dinámicas de infección entre humanos así como las interacciones que se producen entre seres humanos y la fauna antártica», explica el investigador del MNCN Andrés Barbosa.

Asimismo, ha explicado que las condiciones ambientales del continente son «a priori favorables para la estabilidad y propagación del virus» en las instalaciones cerradas de las bases donde conviven los investigadores o las embarcaciones, lo que podría facilitar la posible transmisión y expansión.

También ha alertado de que los cruceros turísticos podrían favorecer la transmisión entre humanos y, en función de sus movimientos, entre distintas localidades, el virus podría esparcirse «fácilmente por todo el continente».

En concreto, ha añadido que a partir de lo que se conoce sobre la transmisión, el grupo de mayor riesgo sería el de los equipos de investigación que entran en contacto con la fauna mientras que los turistas o el personal de apoyo solo suponen un riesgo significativo cuando se aproximan a menos de cinco metros de la fauna antártica.

A juicio de los investigadores, esos acercamientos «dadas las normativas que rigen en el continente helado, no deberían producirse en ningún caso».

En definitiva, insisten en que todo lo expuesto se debe aplicar el principio de precaución y ser «extremadamente cuidadosos» hasta que futuras investigaciones demuestren la presencia humana en la Antártida es segura para el ecosistema austral.