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El aprendizaje de música y la salud mental pueden mejorar con ejercicios de improvisación creativa al tocar instrumentos

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MADRID, 3 (EUROPA PRESS)

El aprendizaje de música y la salud mental pueden mejorar con ejercicios de improvisación creativa al tocar instrumentos, según un estudio liderado por Rafael Ramírez-Meléndez, investigador del Music Technology Group (MTG) del Departamento de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (DTIC) de la UPF.

Se trata del primer trabajo científico del mundo sobre el estado emocional de los músicos cuando ejercitan su creatividad al improvisar tocando un instrumento, que se ha expuesto recientemente en el artículo ‘The Creative Drummer: An EEG-Based Pilot Study on the Correlates of Emotions and Creative Drum Playing’, publicado por la revista ‘Brain Sciences’.

«Cuanto más libre es el proceso creativo, mayor es el efecto positivo que tiene sobre las emociones de las personas que tocan un instrumento, ha dicho el investigador, cuyos resultados avalan las estrategias de pedagogía musical y de musicoterapia basadas en la improvisación al tocar un instrumento (y más aún si estimulan la concentración de las personas que realizan los ejercicios) y pueden dar lugar a la innovación metodológica en estos campos.

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El estudio es fruto de la colaboración entre el investigador del MTG y el músico profesional y docente, Xavier Reija, graduado en el Berklee College of Music de Boston. Durante más de seis años, Reija había estado explorando y trabajando el potencial de la música tanto con sus alumnos en clase como con personas con problemas de salud mental en talleres de musicoterapia, pero tenía la inquietud de encontrar una explicación científica a lo que sucedía en estas sesiones.

El trabajo cuenta con una muestra de 10 bateristas, entre ellos el propio Xavier Reija, que fue el primero en hacer los tres ejercicios contemplados por la investigación, uno basada en la ejecución de ritmos mecánicos y dos de improvisación. En uno de ellos, los músicos simplemente improvisaban los ritmos que iban tocando con la batería.

En el otro, los músicos iban reproduciendo mentalmente lo que tocaban (internamente) para acompañar los ritmos que improvisaban con la batería. Esto les ayudaba a focalizar más su atención en la actividad que estaban realizando. Durante los tres ejercicios, se analizaron los estados emocionales del cerebro a través de electroencefalograma (EEG), para después comparar los resultados de cada prueba.

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Los resultados demostraron que los estados emocionales del cerebro eran más positivos cuanto mayor era el nivel de improvisación y de concentración en la actividad realizada, al margen de otros estímulos externos. «La enseñanza de música basada en patrones aporta conocimientos a los alumnos, pero es más restrictiva, le enseñas al alumno lo que está bien y lo que está mal. Pero hay que ir un poco más allá, provocando emociones positivas en los alumnos», han dicho los expertos.


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