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Martínez Dalmau: 'Durante el confinamiento hemos pensado en viviendas resilientes que nos protejan de las adversidades'

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– El vicepresidente segundo ha presentado los resultados de una encuesta sobre vivienda durante el periodo de confinamiento – La encuesta realizada desde el IVE recoge las opiniones de 2.367 personas sobre sus respectivas viviendas El vicepresidente segundo y conseller de Vivienda y Arquitectura Bioclimática, Rubén Martínez Dalmau, ha dado a conocer los resultados de la encuesta ‘Nuestras viviendas en tiempos de la COVID-19’, realizada durante la cuarta, quinta y sexta semana de confinamiento, es decir, durante el periodo más estricto desde el comienzo de la crisis sanitaria. Esta restricción fue seguida con diferentes grados de intensidad por el 99 % de las personas encuestadas, llevándolas, por tanto, a realizar un uso intensivo e imprevisto de sus viviendas. En total, han sido 2.367 las personas encuestadas desde el Instituto Valenciano de la Edificación (IVE). Martínez Dalmau ha asegurado que «la encuesta nos indica qué hemos considerado esencial de nuestras viviendas durante el confinamiento, qué hemos echado en falta y cómo nos ha permitido o impedido adaptarnos a la nueva e imprevista situación. Pero también oculta.». A este respecto, ha manifestado que «la encuesta oculta a las personas que no tienen acceso a las redes, los aplausos ocultan a las personas que no tienen siquiera ventana a la que asomarse y tan importante es aquello que nos señalan, como aquello que ocultan». «Por eso, tenemos motivos para pensar en la vivienda, en un doble sentido. En un sentido concreto somos capaces de tener mejores viviendas, que nos acompañen y protejan frente a las adversidades, viviendas más resilientes, en definitiva», ha explicado Dalmau. En un sentido amplio, ha dicho que «somos hoy más conscientes de la necesidad de garantizar el derecho a una vivienda digna y la solución a esto es inaplazable». Vivienda tipo La encuesta se realizó en un contexto de alta preocupación por la COVID-19 y sus consecuencias, según ha explicado la directora del IVE, Begoña Serrano. Respecto a la muestra obtenida, Serrano ha destacado que » se ha acusado un marcado carácter urbano, especialmente concentrado en las tres áreas metropolitanas de la Comunitat y con un peso relativo muy elevado en la capital autonómica». El perfil mayoritario de las opiniones recogidas en esta encuesta corresponde a personas de género femenino y de edad comprendida entre los 35 y los 64 años, casada o conviviendo en pareja. Aproximadamente, la mitad son personas con empleo, la mitad de las cuales estaba realizándolo desde casa, y le afectó económicamente la crisis sanitaria. «En su conjunto, la vivienda tipo en la que se pasó este periodo tiene más de 75 metros, se construyó o reformó en los últimos 40 años y es una vivienda en propiedad y su residencia habitual», ha detallado Serrano. Cabe señalar que, habida cuenta de las características de esta encuesta, ciertas personas no han podido ser visibilizadas y así lo ha subrayado la directora general de Innovación Ecológica en la Construcción, Nuria Matarredona. Es el caso, por ejemplo, de personas con dificultades en el acceso a las redes de comunicación, bien por no disponer de conexión, bien por no estar capacitada para su correcto uso. También es el caso de las personas alejadas de los cauces de comunicación habitualmente empleados, esto es, en su mayoría las personas con vulnerabilidades más acusadas. En la encuesta quedan evidenciadas dos estructuras de resiliencia con comportamientos diferenciados y entrecruzados que proporcionan herramientas a las diferentes unidades de convivencia encuestadas para enfrentarse a la crisis sanitaria. En primer lugar, la «resiliencia del hábitat», es decir, la capacidad de adaptación proporcionada por los recursos propios de las viviendas y su entorno. A este respecto, las posibilidades de las viviendas de las personas encuestadas han proporcionado herramientas suficientes para poder afrontar las exigencias del confinamiento. Esta resiliencia manifiesta tener un comportamiento desigual en función, principalmente de la tenencia, ciertas deficiencias o la superficie disponible por persona. En segundo lugar, la «resiliencia del tejido social», es decir, la capacidad de adaptación de las personas y sus unidades de convivencia. En términos generales, las personas han sabido sobreponerse a las dificultades provocadas por la crisis. Es más, en términos generales, son pocos los factores que influyen en este tipo de resiliencia. Ni la situación económica o laboral, ni la preocupación por la crisis sanitaria parecen tener un impacto significativo. En suma, durante el confinamiento «se ha impuesto una conciencia de excepcionalidad que ha llevado a las personas encuestadas a manifestarse mayoritariamente satisfecha con su hábitat», según Matarredona. Así, «las condiciones materiales de la vivienda han demostrado ser determinantes en la capacidad para sobreponerse socialmente a la crisis sanitaria, muy especialmente en lo relativo a la tenencia, la superficie disponible por habitante, los espacios al aire libre y las condiciones de confort».

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