Inicio Comunidad Valenciana El fiscal que acusa a una pareja de matar a sus dos...

El fiscal que acusa a una pareja de matar a sus dos hijos en un ritual en Godella: “No hay nada más brutal”

0

VALÈNCIA, 31 (EUROPA PRESS)

El fiscal que acusa una pareja de asesinar a sus dos hijos en un ritual practicado en una casa de campo ubicada en la localidad valenciana de Godella en marzo de 2019 ha recalcado este lunes en el inicio de la vista que es el juicio “más brutal” en la que ha tenido que participar a lo largo de su dilata trayectoria porque “no hay nada más brutal que la muerte de un niños a manos de sus padres”. “Los dos querían terminar con la vida de sus hijos menores y así lo hicieron”, ha señalado.

La vista ha arrancado este lunes en la Audiencia de Valencia con la selección del jurado, un proceso que se ha prolongado durante cerca de cuatro horas y la lectura de los escritos de acusación y defensa y la intervención de las partes.

El fiscal pide para el padre de las pequeños, Gabriel, una pena de 50 años de prisión por dos delitos de asesinato con la circunstancia agravante de parentesco, mientras que para la mujer, María, solicita una medida de internamiento al apreciar la eximente completa de anomalía psíquica. El ministerio público les solicita, además, en materia de responsabilidad civil, el pago de una indemnización para los abuelos paternos y maternos de 300.000 euros por daños morales.

Por su parte, la defensa del padre ha pedido la libre absolución ya que asegura que fue la madre, a quien no se le diagnosticó la enfermedad mental que padece, quien llevó a los niños fuera de casa mientras él dormía y sin su conocimiento los golpeó en la zona de la cabeza con un objeto pesado. Esta “brutal agresión”, ha afirmado, fue lo que causó la muerte de los pequeños y posteriormente procedió a enterrar los cuerpos en una parcela también “sin conocimiento ni intervención” de su defendido.

Del mismo modo, la abogada de la madre ha pedido la libre absolución al mantener que ella no ejecutó los actos que le imputa la Fiscalía y que solo procedió a enterrar los cuerpos de sus hijos cuando se los encontró ya sin vida.

Sin embargo, el fiscal ha recordado al jurado que el autor de un hecho delictivo no solo es quien lo ejecuta materialmente sino que hay también otras formas de autoría como los que inducen a ejecutarlos y la responsabilidad es idéntica y en ese sentido mantiene que es él quien le mete a la cabeza a María la necesidad de liberarlos del asedio al que, según ellos, eran sometidos.

“LE TENÍA COMIDA LA CABEZA”

En ese sentido, refuta la petición de absolución de defensa porque mantiene que hubo una inducción y una coparticipación de Gabriel a quien ha definido como “una persona manipuladora, que tenía abducida a María” y la controlaba de manera “sistemática apartándola de su entorno familiar y de amigos”. “Le tenía comida la cabeza”, ha afirmado de Gabriel, del que que ha apuntado una personalidad “camaleónica” que en “su propio interés era capaz de mostrarse afable y respetuoso”, pero que sin embargo “mostraba falta de respeto y agresiones verbales a María”.

Por contra, ha definido a María como una persona que estaba “arrastrada” por Gabriel y era “fácilmente influenciable por él”. No obstante, ha destacado que “amaba a sus hijos” y que “nunca tuvo un mal gesto ni acción violenta con ellos, cosa que de Gabriel no podemos decir”.

Los acusados eran pareja de hecho desde 2011 y, tras vivir en diversos lugares de Europa y España, en torno a los meses de febrero-marzo de 2017 se instalaron en una casa de campo de Godella que ocuparon ilegalmente y arreglaron para hacerla habitable, tal y como se desprende del escrito fiscal.

La pareja compartía creencias místicas-religiosas y, así, creían en la regresión, en la purificación de las almas mediante baños de agua y en el renacimiento de las almas tras la muerte de los cuerpos. Estas creencias, inicialmente profesadas por el hombre y “se las metió en la cabeza a María”.

Según el fiscal, entre las 22 horas del 13 se marzo de 2019 y las 4 horas del día siguiente, los acusados, actuando de común acuerdo, primero bañaron en la piscina de la casa a los menores para purificarlos y posteriormente les propinaron multitud de violentos golpes, fundamentalmente en la zona de la cabeza, bien con un objeto contundente o bien contra el suelo.

Como consecuencia de la agresión, los niños sufrieron sendos traumatismos craneoencefálicos, con múltiples fracturas craneales y lesiones encefálicas que les provocaron la muerte.

Tras ello, enterraron los cuerpos sin vida en diferentes sitios de la parcela donde se ubicaba la vivienda. En ese momento la mujer padecía una esquizofrenia de tipo paranoide, que se encontraba en fase de brote agudo, que anulaba las bases psicobiológicas de su inteligencia y voluntad.