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El Ayuntamiento publica un libro para celebrar el bicentenario de los viveros municipales

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Con el título ‘Cultivares. Un recorrido de 200 años por los viveros municipales’, profundiza en el pasado, presente y futuro de estas instalaciones


Los viveros municipales cumplen 200 años de historia. La conmemoración de este bicentenario es la razón por la que, por iniciativa de varios técnicos municipales, se publica el libro ‘Cultivares. Un recorrido de 200 años por los viveros municipales’. La presentación del libro, en la Rosaleda del Parque del Oeste, ha contado con la participación de Inés Sabanés, delegada de Medio Ambiente y Movilidad en funciones; Javier Spalla, responsable del Vivero Estufas de El Retiro, y Carmen Toribio, doctora arquitecta, coordinadora y editora del libro.

‘Cultivares’ pretende esclarecer y documentar una historia escasamente investigada hasta el momento y sólo parcialmente conocida. Por otra parte, plantea redefinir el papel actual de los viveros municipales, que, en la ciudad del siglo XXI, puedan tener una función relevante y ser piezas clave en un nuevo modelo urbano fundamentado en la sostenibilidad. En estos recintos conviven las estructuras históricas con nuevas tecnologías de producción, en un modelo sostenible que conjuga lo productivo con lo histórico y cultural. Por este motivo, estos espacios públicos bicentenarios pueden contribuir de una forma decisiva en el planeamiento y la gestión de un nuevo modelo de ciudad más sostenible.

La obra recoge asimismo información sobre labor de los viveros municipales de Madrid en la actualidad, resaltando no sólo su actividad principal, el cultivo, sino también otras funciones complementarias interesantes, como la didáctica o educacional.

Los orígenes de los viveros municipales

La historia de los viveros municipales madrileños se inicia en el XIX, coincidiendo, no por casualidad, con la aparición de los primeros parques urbanos públicos. Aunque es difícil establecer la fecha exacta de creación del primer vivero madrileño, se sabe que el 18 de noviembre de 1818 la Junta de Propios del Ayuntamiento de Madrid tomó en consideración la propuesta que Antonio Sandalio de Arias, arbolista mayor de Madrid, había realizado casi un año antes: la creación de un vivero para servicio del municipio en el llamado Soto de Migas Calientes. Cuatro años más tarde, estas instalaciones estaban ya en pleno rendimiento. Pronto, las entre 7 y 8 fanegas iniciales de cultivo se ampliaron, a la par del crecimiento de la ciudad y su demanda de arbolado.

Ha resultado sorprendente comprobar la cantidad de viveros menores que se sumaron en el Madrid del XIX al principal de Migas Calientes. Junto a estos, en las últimas décadas del siglo XIX, se formó en el límite sur del antiguo Jardín del Buen Retiro (entonces ya convertido en parque de Madrid) el Reservado de Estufas. A este nuevo vivero municipal se trasladaron estufas o invernaderos calefactados decimonónicos que el Ayuntamiento poseía en diferentes ubicaciones, posibilitándose así un cultivo más eficaz de flores y especies sensibles al frío.

A pesar de la proliferación de estas instalaciones con el paso de las décadas, a día de hoy solo tres de estos viveros perviven: Migas Calientes, Casa de Campo y Estufas del Retiro. Los tres están incluidos en conjuntos declarados Bien de Interés Cultural.

Participación de trabajadores municipales

La evolución de los viveros municipales en el siglo XX también está reflejada en ‘Cultivares’. Escasamente estudiada hasta ahora, se ha documentado con ayuda de fotografía y cartografía histórica, así como archivos de prensa. Al ser una historia más reciente, se ha contado también con el testimonio de varios trabajadores municipales que han aportado distintos aspectos del funcionamiento de los viveros en el siglo XX.

Se ha recogido así una información que de otra forma se hubiera perdido, y que resulta especialmente interesante ya que en los viveros municipales se conserva parte de la tradición previa a la revolución que supuso la mecanización de las labores de agricultura primero y su robotización después. Una tradición de cultivo que, conjugada con el uso de técnicas más actuales tiene como resultado una producción de planta de alta calidad y de especies en ocasiones infrecuentes en el mercado.

Investigación de especies vegetales para luchar contra el Cambio Climático

La última parte del libro aborda el análisis de la contribución de los viveros a construir una ciudad más sostenible y que luche contra el cambio climático. Por una parte, se realizan diversas tareas de investigación acerca de especies vegetales, llevadas a cabo fundamentalmente en el laboratorio de cultivo in vitro de Migas Calientes y en el vivero de Estufas del Retiro (destinadas a la obtención de cultivares adaptados a la climatología de Madrid, saneamiento vegetal, resistencia a la grafiosis, etc.).

Por otra, desde el año 2006 se están aplicando técnicas de protección biológica integrada, en una experiencia pionera que ha dado excelentes resultados, con una reducción importante del uso de productos químicos fitosanitarios en los viveros.

Toda esta investigación contribuye a abordar con mayor seguridad el desafío de planeamiento y gestión que se plantea en la ciudad del siglo XXI y hace que, si cuentan con el apoyo suficiente, los viveros municipales de Madrid se conviertan en piezas clave en un nuevo modelo urbano fundamentado en la sostenibilidad.

Varios autores

‘Cultivares’ ha contado con la colaboración del personal de los viveros municipal y está escrito por Beatriz Rolle Sánchez, historiadora; Javier Spalla Poveda, responsable del Vivero Estufas de El Retiro; y Carmen Toribio Marín, doctora arquitecta, profesora de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, Universidad Politécnica de Madrid (ETSAM- UPM), quien ha coordinadora la obra, editada por el área de Medio Ambiente y Movilidad del Ayuntamiento de Madrid. /

 

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