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Panah Panahi debuta con ‘Hit the Road’, en la que busca “despegarse” de su padre, el cineasta Jafar Panahi

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VALLADOLID, 25 (EUROPA PRESS)

Panah Panahi, hijo del reconocido cineasta Jafar Panahi, debuta en el largometraje con el estreno de ‘Hit the Road’ en la 66 Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci), un festival muy querido por su padre, uno de los directores más influyentes del cine iraní, y que cosechó una Espiga de Oro con ‘Sangre y Oro’ en la 48 edición.

“Es un placer estar en el lugar del que tanto he oído hablar a mi padre”, ha confesado en rueda de prensa, acerca del deseo de su padre de que pudiese visitar esta ciudad “pequeña pero cariñosa” para experimentar lo mismo que él.

Pero ser el hijo de un cineasta tan reconocido entraña también dificultades a la hora de tener que “despegarse” de su figura y encontrar una mirada propia, que es lo que ha intentado con ‘Hit the Road’: “Aunque se pueda pensar que lo tenía fácil, para mí era un problema. Cuando empecé en el mundo del cine intenté tomar decisiones y encontrar el camino; no quería consultarle sobre el tema para que no tuviese influencia sobre mí porque quería ser yo mismo”.

Empujado por un espíritu joven y rebelde, evitaba pedir consejo a su padre para no caer en su influjo. Así fue hasta que, según ha comentado, hizo “click” y experimentó un punto de inflexión que le empujó a aprender y conversar con él. “Es cierto que mi forma de ser, como joven rebelde, era hacer mi propia película con mi propio estilo; no tan directo ni fuerte como el de mi padre, centrado en la crítica, lo que le ha causado bastantes problemas, para buscar un modo más sutil y, entrar por la ventana en vez de por la puerta”.

Con ese espíritu nace ‘Hit the Road’, que surge de la inquietud de Panahi de “poder transmitir al mundo entero la situación que vive Irán y cómo las personas –ya sea por motivos culturales, políticos o de cualquier otra índole– intentan escapar para poder tener la libertad de ser quienes son”. Es, ha agregado, “una situación que, dolorosamente, va cada vez a peor y que necesita una ayuda”.

Precisamente, esas son las razones que le obligaron a llevar en secreto el rodaje de esta ‘road movie’ en tono tragicómico: “Se creó muy silenciosamente porque, si salía a la luz, tendríamos problemas”. De hecho, la película tiene prohibido su estreno en los cines de Irán debido a las licencias de rodaje que el equipo se vio obligado a firmar, lo que también le cierra la puerta en la carrera por el Oscar. Aunque correrá mejor suerte en el resto del mundo, donde sí se exhibirá en salas.

“Se estrenará en los cines de todo el mundo menos en los de su país de origen”, ha lamentado Panahi, quien además ha confesado que “no esperaba conectar tanto con el público” en su primera película. Y es que, aunque “la reacción del espectador es diferente en cada país, cada cultura y cada persona”, sí reconoce que la conexión es unánime con un personaje en particular: el interpretado por Rayan Sarlak, quien da vida al hijo pequeño en el alocado viaje de una alocada familia por los paisajes de Irán.

“Todos los dedos señalaban a este pequeño actor de una serie de éxito en Irán”, ha señalado Panahi, quien tras entrevistarse con él tuvo una “conexión total”. La importancia del personaje de Rayan es clave en esta fábula itinerante sobre la pérdida, las despedidas y el duelo, envuelta en el papel de una comedia que trata de hacer ese sufrimiento algo más llevadero.

Un callado y discreto hijo mayor –pero que será el motor de la historia– conduce un coche alquilado hacia lo más remoto de Irán. En el asiento del copiloto, una madre afligida anticipa la marcha del primogénito mientras, en la parte de atrás, un padre con una pierda escayolada y un hijo hiperactivo tocan las cuerdas de la parte más cómica de la tragedia. En el maletero, un perro enfermo, alegoría del primer contacto con la muerte de cualquier niño, y en el camino, un sinfín de paradas con el único objetivo de retrasar una inevitable despedida.

La familia, el paisaje, el coche y la música son los elementos centrales de esta caricatura costumbrista que esconde un drama muy real para los iraníes: el de la tiranía de las autoridades islámicas.