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Igor Paskual devuelve este sábado el rock a Cuenca: “La pandemia pasará, volveremos a sentir el sudor en los conciertos”

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Aboga por “endurecer” el estilo ante el “ablandamiento” de los rockeros y defiende integrar sintetizadores: “Las guitarras no crecen en los árboles”

CUENCA, 12 (EUROPA PRESS)

Igor Paskual (San Sebastián, 1975) recala en la Sala Los Clásicos de Cuenca este sábado para ofrecer vía streaming un concierto en formato acústico de su último álbum, ‘La Pasión según Igor Paskual’, que pese a presentarse en sociedad en 2019 antes de la fractura que supuso la pandemia en su desarrollo, lejos de coger polvo está en perfecto estado de revista para luchar contra las obligadas restricciones y devolver la música en directo al a capital conquense.

En entrevista con Europa Press a pocos días de quitarle el polvo a las tablas de Los Clásicos, Paskual analiza la evolución del rock, su capacidad de supervivencia y su influencia en estilos contemporáneos; al tiempo que aboga por romper la tendencia de que el rockero “se ablanda” con el paso del tiempo: “Hay que hacer lo contrario. Ser cada vez más duros, porque sabemos ser duros mucho mejor.

Pregunta.- ¿Cómo ha afectado al recorrido del disco el paréntesis de la pandemia?

Respuesta.- Tuve la suerte de poder presentarlo en su momento. Los discos tienen que tener recorrido. Todo lo que he hecho a partir de la pandemia se ha reconvertido a formato acústico, más ágil, sencillo y efectivo, pero no me planteo el concierto como si fuera un simple dúo acústico. Somos como The Clash pero somos dos y con guitarra acústica, y eso sigue siendo un concierto de rock.

Ya no sé si es un disco reciente o de hace 10 años por este año de pandemia. Sí que he tenido que reprogramar el calendario, ahora ha cambiado todo tras este año de pandemia. Todo lo anterior, me suena a siglo XX. Tengo una sensación rara con el disco. Lo veo cerca, pero lejos, como si perteneciera a un mundo que ya no existe. Es como si fuésemos pintores cuando llegó la fotografía. El mundo ha cambiado. Como cuando el cine pasó a ser sonoro. Hemos pasado de una vida tangible a una totalmente digital.

P.- Cuatro años de diferencia entre este trabajo y el anterior, ¿cuánto a cambiado Igor Paskual de uno a otro?

R.- Mis tres discos tienen un hilo común, pero son muy diferentes entre sí. El sonido que llevaba tiempo buscando lo conseguimos aquí, mucho más duro, con componentes electrónicos que mejoran y hacen un sonido más rockero. Y por fin los temas que me interesan –placer, muerte, descaro– aparecen aquí. Es un trabajo mucho más amplio que los anteriores.

Ahora, creo que me he vuelto más ‘punki’. Según crezco y tengo hijos, hago cosas más macarras. Es el camino contrario al habitual. He pasado de sonidos más amables a esto, y ahora tengo varios proyectos que traerán mayor dureza. Cuando la gente del rock va creciendo se va ablandando, y hay que hacer lo contrario: ser cada vez más duros porque sabemos ser duros de mejor manera.

P.- ¿Cómo ha sido ese proceso en tu caso?

R.- Yo hacía punk sin tener ni idea de cómo hacerlo, me basaba en mi descaro, en mi actitud. Pero ahora creo que puedo hacer algo duro y de mejor manera. Una dureza mejor canalizada, menos obvia. El problema es cómo enfrentarte a un sonido duro sin repetirte, cómo poner todo eso al día, cómo ser contemporáneo en sonidos que no están de moda. Hacer punk como lo hacía La Polla Récords o los Pistols en el 70 no me interesa, porque ya está hecho. La gracia está en ponerlo en tu tiempo.

P.- ¿Cuánta influencia han tenido tus compañeros de viaje a lo largo de tu carrera profesional en el sonido que has alcanzado ahora?

R.- He tenido la inmensa suerte a lo largo de mi vida de conocer a los mejores guitarristas. Desde profesores hasta la suerte de trabajar con el Loco –Loquillo–, uno de los mejores líderes de una banda de rock de toda Europa; o coincidir con Mario Cobo, Josu García… Y yo ahora, lo que quiero es devolver todo lo que me han dado. Poner en práctica lo que he aprendido. Podría haberlo hecho con otra sonoridad, pero ellos me han dado herramientas para afrontar esto. No hubiera sido capaz sin ellos.

P.- ¿Diferencias entre presentar tu proyecto musical en concierto o arropar a Loquillo a la hora de tocar?

R.- En un caso soy el delantero, en otro, soy el medio centro. Cuando eres delantero eres el encargado de transmitir un discurso concreto. Cuando eres medio centro, tienes que saber echarte a un lado y saber dónde está tu fuerte para sacarte más partido. Me viene muy bien combinar las dos cosas porque de todas aprendes. Trabajar con el Loco es trabajar en un gran recinto, con un lenguaje distinto, es otra comunicación, a gran nivel y masiva. La mía es más pequeña y tengo mis recursos para llegar también al público.

P.- El rock convive a lo largo del disco con más sintetizadores que nunca, ¿cuánto mejora el sonido final?

R.- Cada vez esto descuadra menos. Es verdad que existía una actitud purista de evitar sintetizadores en el rock y sigue existiendo. Se veía el mundo de las guitarras y el de los ‘sintes’ como elementos contrapuestos, pero creo que la simbiosis que consiguen los dos es cada vez más habitual. Si te pongo un ‘sinte’, igual no sabes si es una guitarra o no. Los sintetizadores lo que hacen es añadir rock, lo hacen más duro, más enérgico. Las guitarras no nacen en los árboles, no las recoges en el huerto, también son una herramienta tecnológica.

P.- Cómo se prepara un concierto de rock en este formato y sin público presencial?

R.- A nivel de intensidad le aplicamos la misma pasión y el mismo gusto. Yo lo preparo igual que un concierto normal porque emocionalmente es lo mismo. Me emociona tanto tocar por streaming en Cuenca que ante 20.000 personas, porque soy un apasionado de la música y con 45 años me gusta cada vez más lo que hago. Quiero que el formato acústico te guste tanto o más como ver a una banda. Es un concierto de rock aunque sea con dos guitarras acústicas, pero pueden ser muy poderosas.

P.- ¿El rock pierde esencia sin público o siempre sobrevive?

R.- Todo pasará. Volveremos a sentir el sudor en los conciertos, y eso es básico. La conversación entre una banda y el público no se compra ni se compara con nada, esto está claro, pero ahora tendremos que aprender a convivir con la situación. Tendremos que comunicarnos de otra forma. Este concierto es como ver el Museo del Prado a través de la web en una visita virtual. Hay que aprender a hacer estos conciertos y me hace mucha ilusión que el primero sea en Cuenca.

P.- ¿Hacia dónde va esa evolución?

El rock es un estilo irrefutable. Los más nostálgicos se acuerdan de los 70 cuando el rock era lo único que tenían los jóvenes, y ahora convive hasta con los videojuegoos. Es lógico que no sea tan predominante, pero también está sobreviviendo en otros estilos musicales. Cualquier artista de trap repite estereotipos del rock, se canta lo mismo y se cae en los mismos errores y contradicciones, pero es muy difícil que otro estilo musical no se acerque tangencialmente a cosas del rock.

C. Tangana se ha ganado la credibilidad con muchos ejemplos, pero la que más ha ganado se la ha dado Calamaro. Es verdad que ha colaborado con gente importantísima, pero fue Calamaro quien le dio el caché. Incluso los artistas melódicos llevan a sus conciertos a su particular ‘Guitar Hero’ para que se hagan un sólo. Pablo Alborán, Dani Martín…

P.- ¿Cómo esperas que cambie la industria musical tras la pandemia?

R.- En España ha golpeado en muchos sectores. Habrá que ver cuántas salas quedan vivas, y eso me preocupa. Las instituciones tendrán que ayudar, pagar las pruebas de antígenos, permitir funcionar. Lo importante ahora no es que las salas se hagan ricas, es que sobrevivan. Y para ello el reto también es convertir lo digital en algo monetizable y crear leyes que protejan al artista y a los técnicos. El panorama actual refleja lo que es la sociedad: cada vez hay menos clase media, y pocos a los que les va muy bien y mucha gente a la que les va muy mal. O eres Loquillo, o eres yo.