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Intervención del Presidente del Principado de Asturias, Adrián Barbón

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Entrega Premios Extraordinarios de Educación

Agradezco sinceramente acompañaros en esta jornada tan especial. Aunque a estas alturas de la ceremonia ya estéis cargados de reconocimientos, dejadme que añada también mi felicitación pública: os la merecéis, os merecéis la enhorabuena del Gobierno del Principado en nombre de toda Asturias. No sé cómo archivaréis este acto en vuestra memoria, qué pensaréis dentro de unos años cuando volváis la vista atrás. Quiero pensar que siempre será un recuerdo agradable, el de una tarde de enero en la que recibisteis los galardones que corresponden a vuestros respectivos méritos: el esfuerzo personal y el rendimiento, la excelencia en bachillerato, enseñanzas artísticas, formación profesional u ortografía. No obstante, os hago una prevención: ese buen recuerdo no será vuestra exclusiva, será también el de vuestras familias, el de quienes os quieren; será el de vuestro profesorado, de los compañeros y compañeras de clase. Tenedlo presente: probablemente, hoy habrá aquí personas más emocionadas, más orgullosas que vosotros mismos. De eso quiero hablaros unos instantes. Sólo unos pocos minutos, os lo prometo. Veréis, hace unos años, cuando el mundo digital aún no se había adueñado de nuestras vidas, las fotografías se guardaban impresas en papel. Pensaréis que os hablo del jurásico. Pero creedme, no hace tanto. A veces se ordenaban en álbumes y otras, simplemente, se almacenaban en cajas de cartón o metálicas; mismamente, en cajas de galletas, dónde envejecían amarilleando. De cuando en cuando, algún familiar dedicaba un domingo de lluvia a revisarlas y siempre soltaba la misma pregunta: este que aparece aquí, al fondo, ¿quién es, alguien le conoce, cómo se llamaba, de cuándo es esta foto? Bien, yo quiero pediros un favor. No os pido que dentro de unos años os acordéis del nombre de Carmen, la consejera de Educación, ni tampoco del mío. Tampoco os pido siquiera que sepáis identificarnos en las fotografías. Mi ruego es otro: no os olvidéis de la enseñanza, del sistema educativo en el que os habéis formado porque es un enorme y valioso patrimonio colectivo que hemos de cuidar. Pensadlo. Sois distinguidos por vuestro esfuerzo y capacidad de superación, también por vuestra brillantez. Sois, por tanto, de lo mejor que tenemos para edificar nuestro futuro, ejemplos para el alumnado y referencia para el profesorado. Como dijo la consejera, es un honor estar aquí acompañándoos. Ella, Carmen –repito el nombre con intención, para que no se os olvide- destacó al inicio del acto otra cuestión muy importante. Dijo que el sistema educativo está para procurar la excelencia, pero también para evitar el fracaso, para impedir que nadie se quede por el camino. Porque su propósito último, no lo olvidemos, es desarrollar la potencialidad de cada individuo al margen de nuestras diferentes condiciones de origen y progresar colectivamente como sociedad cohesionada, libre y justa. Son fines muy nobles, de los más elevados a los que podemos aspirar. Y os lo dice alguien como Carmen que hoy es consejera, sí, pero que ha dedicado toda su vida a la educación, sí la vocación de su vida. Es relevante que dediquemos un mínimo de tiempo a esta reflexión. Por lo que a mí respecta, os prometo que el Gobierno de Asturias está empeñado en mejorar nuestro modelo educativo. Os aseguro que es algo muy complejo, que conlleva dinero, condiciones laborales, construcción de colegios e institutos, dotación de material, nuevos contenidos lectivos, otras orientaciones con vistas al mercado laboral…. Es algo tan amplio que resulta imposible lograr sin la implicación del profesorado, a veces a costa de un elevado desgaste personal; sin la colaboración y el apoyo de las familias y sin vuestra propia dedicación, sin esa energía que habéis demostrado. Hoy es una buena ocasión para reconocerlo: gracias al alumnado, a sus familias y al profesorado, porque sois las paredes maestras del sistema. También aprovecho para haceros un ruego: en Asturias, mantengamos este consenso no escrito sobre la trascendencia de la educación sin romperlo con debates estériles. Deseo deciros algo más: el sistema educativo no es un negociado del Gobierno de Asturias, una rama más del entramado administrativo. Quien lo entienda así se equivoca de medio a medio. A menudo no les damos a las palabras la importancia que tienen, las empleamos sin reparar en su significado. Pues bien, cuando subrayo que nuestra red educativa es un patrimonio colectivo lo hago con toda la plenitud del significado. No es de este gobierno, ni del anterior, ni del que venga, ni siquiera del profesorado o del alumnado: es de toda la sociedad y por eso, reitero, tenemos la obligación de preservarlo y fortalecerlo continuamente. Ese es mi compromiso. El Gobierno de Asturias continuará trabajando para mejorar la educación y lo seguirá haciendo de manera abierta, con la mano siempre tendida a las familias, a los alumnos y alumnas, al profesorado. Conscientes de que sumando fuerzas conseguiremos seguir avanzando, logrando que nuestro sistema continúe dando buenos resultados, reduciendo el abandono escolar, mejorando las tasas de titulación a todos los niveles educativos y formando ejemplos de excelencia como vosotras y vosotros No os entretengo más. Vuestros nombres y méritos son los que mandan hoy. Os pido, una vez más, que no arrinconéis en vuestra memoria la necesidad de seguir fortaleciendo juntos nuestra red educativa, la que ha hecho posible personas como vosotros. Por favor, no dejéis que ese recuerdo amarillee, perdido en el olvido. Confío en vosotros y vosotras. Mejor dicho: confiamos. Muchas gracias.

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