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Intervención del Presidente del Principado de Asturias, Adrián Barbón

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Toma posesión Juan Antonio Pérez Simón como presidente del Consejo Social de la Universidad

La Universidad de Oviedo es uno de los grandes recursos de Asturias. Esta afirmación la leerán u oirán ustedes en cualquier discurso público que mencione la institución, sea político, empresarial, sindical o de cualquier otra índole. Hay una convicción compartida de que la universidad ha de desempeñar un papel relevante en el futuro del Principado. Eso no es malo. Al contrario, que nuestra sociedad esté pendiente de la universidad es positivo. Entiendo que tanta atención, con todo el mundo opinando, zumbando alrededor para proponer tal cosa o tal otra, puede resultar un tanto molesta, pero no se puede imaginar a la academia del siglo XXI recluida sobre sí misma, encastillada en sus muros, parapetada tras sus fueros. De esa universidad de clausura, si alguna vez existió, sólo quedan vestigios. Permitan que recurra a un tópico de estas intervenciones, la Misión de la Universidad de Ortega y Gasset, de hace ya 90 años. Recuerden que el filósofo definía tres misiones propias a la universidad: docencia, investigación y transmisión de la cultura. Hoy hablamos de transferencia del conocimiento, pero la sustancia es la misma. Como señalé al inicio, nadie concibe que la Universidad de Oviedo pueda ser ajena al desarrollo de Asturias. De hecho, uno de los grandes cambios de las universidades en las últimas décadas ha sido el compromiso con el entorno territorial. Se han establecido alianzas locales, regionales, nacionales e internacionales que siguen el modelo de la cuádruple hélice –universidad, administraciones públicas, sector empresarial y sociedad civil- con el afán de generar un buen impacto socioeconómico. La pregunta es cómo hacerlo, claro. Cómo hacerlo en un contexto europeo que marca unas reglas comunes, con una sociedad que está transformándose de continuo sobre la evolución de las tecnologías de la información que, a su vez, repercuten de lleno sobre las tres misiones orteguianas. Cómo hacerlo con respeto a la autonomía universitaria y, a la vez, supervisando el correcto uso de los fondos públicos asignados a la enseñanza superior. Pues para eso fueron creados los consejos sociales. Para asegurar una relación abierta, permeable, entre la sociedad y la universidad, para garantizar una ósmosis necesaria que revierta en el bien común. Quiero, en este punto, agradecer la labor desarrollada desde 2012 por Ladislao Azcona al frente del Consejo Social de la Universidad de Oviedo. Su tarea merece un reconocimiento porque no le tocaron precisamente años sobrados de recursos. Las apreturas de la crisis también se hicieron notar en el presupuesto universitario. Le sustituirá Juan Antonio Pérez Simón, que hoy toma posesión de su cargo. Le agradezco que haya aceptado nuestra propuesta. Permita que le advierta, además, de que es una propuesta interesada, dicho con todas las letras. A nuestro juicio, reúne cualidades muy adecuadas para el cargo. De mano, tiene una dilatada y venturosa trayectoria empresarial, lo cual asegura tanto talante emprendedor como saberes de gestión y, muy relevante, buen conocimiento de ese mundo, del lenguaje y de las pautas que le son propias. Eso ya sería suficiente. Además, también le distingue su vocación cultural, probablemente su faceta más conocida. Su presencia en algunas de las más prestigiosas instituciones del mundo –desde la Fundación Museo del Prado o la Museo Reina Sofía al consejo del Louvre o del Metropolitan Opera de Nueva York, entre otras- es una excelente credencial para favorecer la internacionalización de nuestra universidad. Me queda por destacar otro rasgo sobresaliente, su sólido compromiso con Asturias, renovado a cada poco y plasmado en su participación como patrono en la Fundación Princesa de Asturias, su pertenencia a la Asociación de Amigos del Archivo de Indianos o en la cesión en depósito de varias obras de su colección particular para enriquecer el Museo de Bellas Artes. Trayectoria empresarial acreditada, relevancia internacional en el ámbito cultural y compromiso con Asturias. Detallar lo obvio no tiene mucho sentido: resulta evidente que Juan Antonio Pérez Simón es una persona idónea para presidir el Consejo Social de la Universidad de Oviedo. Pero antes le avisaba de que nuestra propuesta es interesada. Lo reconozco públicamente: somos muy ambiciosos respecto a nuestra universidad. La queremos incluso más abierta, con un consejo social que continúe ganando visibilidad y relevancia pública. También pensamos que la sociedad ha de comprometerse con la universidad. No sólo debe proponer y exigir, sino también aportar y allegar fondos, especialmente a través del mecenazgo, aún en una fase incipiente de desarrollo. El Consejo Social puede ser, precisamente, el punto de encuentro adecuado para promover el mecenazgo de la Universidad de Oviedo. Asumo que al Gobierno de Asturias también nos corresponde poner de nuestra parte. Esto también procuraré expresarlo con claridad: por nosotros no va a quedar, ni en respeto escrupuloso a la autonomía universitaria y su capacidad de propuesta, ni en la dotación presupuestaria que podamos alcanzar, ni en el cumplimiento de nuestros acuerdos ni, lo aseguro, en la disposición continua al diálogo y el entendimiento. Ya ve, señor Pérez Simón, que le recibimos cargados con una mochila muy grande de planes y ambiciones para mejorar la Universidad de Oviedo. Para ello queremos contar con el rector y con su equipo de gobierno, lógicamente, pero también con un Consejo Social potente, activo, que refuerce esa relación de mutuo beneficio entre la sociedad y la universidad. Estamos convencidos de que, con usted al frente, podremos seguir avanzando hacia el logro de todos estos propósitos. Porque, entre todos y todos, tenemos la responsabilidad de construir la mejor Asturias. Muchas gracias.

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