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Intervención del Presidente del Principado de Asturias, Adrián Barbón

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Clausura XVIII Encuentros Empresariales Asturias, un lugar para invertir

Quienes me han precedido han explicado con detalle las características de nuestro tejido económico y las líneas de trabajo para captar inversiones en el Principado. Gracias por sus aportaciones, tan cualificadas. Comprendan que yo, menos técnico, tome distancia para ofrecer otra perspectiva, más abierta pero complementaria de las ya expuestas. Parto de una premisa con un enunciado muy sencillo: Asturias es un buen lugar para invertir porque también es un buen lugar para vivir. Con ese principio, déjenme explicar la primera parte de la afirmación, por qué entiendo que Asturias es un buen lugar para vivir. Omito mis sentimientos, las ataduras que me ligan con el sitio donde nací, y ofrezco argumentos constatables. Por ejemplo, que disponemos de un buen sistema sanitario, una acreditada red educativa, servicios sociales para combatir la exclusión; en fin, todo lo que cabe agrupar dentro de un Estado de bienestar desarrollado. La fortaleza de los servicios públicos es un distintivo de la marca Asturias. ¿Son razones suficientes? Quizá no, pero queda mucho por añadir. Las principales poblaciones tienen un tamaño medio -muy lejanas de la extensión inhóspita de las grandes urbes- y están próximas entre sí. Los pueblos y villas cuentan con una buena dotación de equipamientos. La red de infraestructuras, ya una malla densa, mejorará notablemente en 2021, cuando entre en servicio la variante de Pajares. También he de mencionar una riqueza natural que continúa impresionando incluso a los ojos más habituados: la costa mejor conservada de España, el parque nacional más antiguo del país, siete reservas de la biosfera en nuestro territorio; todo, compatible con el desarrollo de nuestras industrias. Asturias, en resumen, asegura calidad de vida. A estas alturas se estarán preguntando por qué estoy robándoles tiempo con esta descripción. Temo que les parezca más propia de la literatura turística que de esta jornada, edificada con andamiaje económico y empresarial. Me explico: Asturias no sólo ofrece tejido y cultura industrial, mano de obra cualificada junto con programas de apoyo a las pyme; no sólo cuenta con compañías líderes a nivel mundial, un ecosistema innovador con centros de I+D+i que son referentes internacionales, una potente Universidad y dos puertos competitivos. Todas esas ventajas se incardinan en una comunidad trabada, inclusiva, fuerte en sus servicios públicos y decidida a lanzarse de lleno a los desafíos del siglo XXI, al futuro que ya estamos viviendo. El atractivo económico y la fortaleza social no caminan desparejados, sino al compás, como deben hacerlo en una sociedad avanzada. Nosotros no podemos ni debemos competir a fuerza de rebajas de sueldos y saldos fiscales, ese no es nuestro rumbo. No quiero una Asturias con grandes facilidades para la pujanza empresarial pero paupérrima en su dotación social, ni, a la inversa, una comunidad que se olvide de facilitar e impulsar la iniciativa privada. Ambas deben ser compatibles. Repito, me siento orgulloso de poder asegurar que el Principado es un gran lugar para invertir y un excelente sitio para vivir. Nunca se me ocurriría pregonar lo contrario. No sólo por la precaución de no arrojar piedras sobre mi propio tejado –una cautela de mero sentido común muy aconsejable-, sino porque realmente pienso que merece la pena invertir en el Principado. Apelo seriamente a la responsabilidad de toda la sociedad porque la tarea de construir y ofrecer lo mejor de Asturias no descansa solo sobre el gobierno y las demás administraciones públicas. Compete a la sociedad entera. Es fundamental, por tanto, que sepamos destacar las ventajas y bondades de Asturias, la mejor forma de atraer talento e inversión. He incluido referencias temporales. También lo he hecho con intención, porque nuestra historia reciente es ilustrativa. Con el auge minero y siderúrgico, espoleado por la llegada de capitales foráneos, Asturias se convirtió en una región industrial. Hasta tal punto, que en el resto del país Asturias era sinónimo de músculo fabril y oportunidades laborales. A finales del siglo pasado, todo eso cambió. Nuestra comunidad afrontó la reconversión más fuerte a la que haya sido sometida región española alguna. La sufrió y, muy importante, logró superarla. Hoy el Principado continúa siendo una comunidad industrial. Con una estructura propia de una economía moderna, el peso de los servicios se ha multiplicado y, aun así, la industria aporta cerca del 24% del valor añadido bruto -más de seis puntos por encima de la media nacional-, da trabajo a más de 49.000 personas y su facturación supera los 13.575 millones. Hablamos, pues, de pasado y de presente. Un pasado industrial y un presente que lo sigue siendo, pese al fortísimo ajuste y al impacto posterior de la Gran Recesión, tan cercana. La pregunta que pueden hacerme -la que yo mismo estoy obligado a plantearme- es si puedo asegurar lo mismo del futuro. Si puedo afirmar que pese a los desafíos que conlleva la transición ecológica, pese al cambio del paradigma económico, la industria asturiana saldrá bien parada. Bien, pues la respuesta es positiva. Sí, Asturias va a salir bien y va a ganar el futuro. Es lo que creo y quiero. Por lo que debemos trabajar todas y todos. Soy consciente de que acabo de hacer una afirmación arriesgada. Ahora, cada vez que surjan dificultades –que las habrá, sin duda, como las hay, porque no las niego- podrán recordármela. Pero no hablo a la ligera; también ahora recurro a argumentos que considero sólidos. Enumero algunos. Asturias, como acabo de recordar, ha demostrado capacidad para afrontar cambios estructurales. Transformaciones de un calado enorme, como no se han producido en otra parte de España. Sí ha habido crisis locales, duras reconversiones -Sagunto, Ferrol o Puerto Real, por ejemplo-, pero no hubo tal coincidencia de sectores afectados en el mismo tiempo y el mismo territorio. Fuera de nuestra comunidad suele reducirse el golpe a la minería, sin reparar que afectó de forma simultánea a la siderurgia, las fábricas de armas, los astilleros, empresas químicas y metalúrgicas. Que después de ese proceso Asturias haya recuperado dinamismo y sido capaz de generar un nuevo tejido económico habla muy bien de nosotros, de nuestra tierra y nuestra gente. Ahora que tanto se utiliza el término, el Principado es un ejemplo de resiliencia. Durante todo este proceso, que se ha alargado desde la década de los 80 del pasado siglo, Asturias ha demostrado talento no sólo para atraer inversiones, sino para mantenerlas. Después de Madrid y Cataluña, somos la tercera comunidad con mayor permanencia y fidelidad de inversión extranjera. En Asturias se contabilizan unas 160 empresas con capitales de otros países, mayormente del sector industrial y de servicios, que representan, respectivamente, un 49 y un 47% del total. En cuanto a inversión productiva extranjera, sólo nos superan Madrid, Cataluña y el País Vasco. Cito datos que ustedes conocen. El IDEPA es, además, el instrumento encargado de la atracción de empresas, así que estoy en un foro experto. Lo que intento subrayar es que a la capacidad de adaptación hemos de sumar también la experiencia en la captación y mantenimiento de las inversiones. Tenemos mucho camino recorrido. Cuando hablamos de atraer inversiones sabemos bien lo que nos traemos entre manos. Voy a por el tercer argumento. Se llama futuro y es el que merece más reflexión. Verán, cuando se avecina un cambio importante, siempre hay dos tipos de actitudes. La mayoritaria suele ser recelosa. Es una reacción defensiva, de resistencia, perfectamente comprensible. Más aún cuando el porvenir pone en cuestión nuestro modo de vida. Por eso las grandes transformaciones, como la que estamos afrontando, no deben quedarse en un diseño de élites (ni científicas, ni económicas, ni políticas), ajeno a sus consecuencias reales sobre las personas. Hacerlo así, sin acordar un proceso pautado, sería un camino seguro hacia la tensión social. Pero no me pierdo con estas reflexiones, que nos llevarían por otro rumbo. Si ese pensamiento es inevitable, un gobierno responsable debe ser también capaz de anticipar, de preparar el futuro. ¿Se ha hecho? Vuelvo a ofrecer una respuesta positiva: Asturias ha sido pionera en el desarrollo de su sistema de ciencia. Su primer plan regional de investigación data de 1989 y en 2006 aprobó un Plan de Ciencia, Tecnología e Innovación. Desde hace pocos años, contamos con otro instrumento, mucho más ambicioso, la Estrategia de Especialización Inteligente (RIS3). Liderada por el IDEPA, sirve de hoja de ruta para la transformación económica del Principado. Con ella, Asturias comenzó a basar sus políticas de innovación en torno a la especialización, conforme a los requisitos impuestos por la Comisión Europea para respaldar las inversiones en I+D+i. Contamos también con diferentes herramientas para favorecer la creación de empresas innovadoras. La principal, el Centro Europeo de Empresas e Innovación, que en sus 25 años de existencia ha atendido a cerca de 13.000 emprendedores, generado unos 3.900 empleos e impulsado 261 empresas de base tecnológica. En este acto ratifico el compromiso decidido de mi gobierno con la ciencia, la innovación y el desarrollo tecnológico, una de las líneas estratégicas de este mandato. Los primeros pasos los avanzamos con el proyecto de presupuestos de 2020. Por eso queremos poner en marcha el programa Margarita Salas para el retorno del talento, del mismo modo que nos proponemos elevar las ayudas para el personal investigador y sentar las bases de una carrera científica evaluable. Le doy mucha relevancia. Sé que los recursos previstos para el próximo ejercicio habrán de aumentar sustancialmente en años sucesivos. Ése es el rumbo. Tendremos que hacerlo porque el talento, la ciencia y la innovación guían el camino del porvenir, porque no podemos conformarnos en modo alguno con ser una comunidad encogida, que vuelve la espalda a los cambios, como si así pudiéramos evitar que sucedieran. Por eso le concedo tanta importancia a la aprobación del presupuesto de 2020. Porque es el proyecto que inicia el cambio que Asturias necesita: son las cuentas que proponen nuevos horizontes en el desafío demográfico, en la red de escuelas infantiles, en la salud y, también, en la innovación. El presupuesto es un punto de inflexión hacia el futuro de Asturias. Esta es la región que queremos ofrecer como destino para nuevas inversiones empresariales, otro de los grandes objetivos de este mandato. Hace unos días, el consejero delegado de la multinacional australiana RHI Magnesita, afirmó que “en Asturias hemos encontrado una joya escondida”. Lo dijo después de exponer las tres razones por las que aseguró que la compañía ha elegido reforzar su posición en nuestra comunidad, con la contratación de 200 empleos más. La primera, la calidad del personal asturiano, mostrando su sorpresa por la calidad de la formación. La segunda, el ecosistema que existe en Asturias, la interacción rápida y ágil de la empresa con el Principado y con la Universidad. Y la tercera, porque el grupo ve cantera suficiente para poder formar y moldear a su futuro personal. Una comunidad así tiene que ser capaz de atraer más empresas los próximos años, tal y como nos proponemos. La Asturias que tiene cultura y fuerza industrial, la que sabe afrontar grandes transformaciones y la que está dispuesta a ganar el futuro. La que es un buen lugar para invertir porque también es un gran lugar para vivir. Yo, sin duda, elijo Asturias. Muchas gracias.

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