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Intervención del Presidente del Principado de Asturias, Adrián Barbón

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Premios Premio Centro Europeo de Empresa e Innovación

Hoy estamos de enhorabuena por partida doble. En primer lugar, por la entrega de los premios del Centro Europeo de Empresas e Innovación; en segundo, por la conmemoración de los 25 años de este organismo. Empiezo por la felicitación a quienes han merecido las distinciones. Les animo sinceramente a que continúen con su andadura emprendedora, a que sigan contribuyendo a la modernización y el desarrollo de Asturias. Estos premios han ido consolidándose, afianzándose como una cita obligada en el calendario de la innovación de nuestra comunidad autónoma. De eso, precisamente, me gustaría hablarles, y pocas ocasiones habrá más adecuadas para ello. El Centro Europeo de Empresas e Innovación se constituyó en 1994, hace un cuarto de siglo. Entonces ya existía conciencia de que la investigación y el desarrollo eran los caminos del porvenir empresarial. Es cierto que se enfatizaba menos la importancia del tercer término, la innovación, pero el rumbo estaba claro. No obstante, sería un error si nos situásemos con los mismos planteamientos y enfoques de 1994. Sin perderme en filosofías, diría que han sucedido al menos dos cambios significativos. Uno, que la velocidad de las transformaciones se ha acelerado hasta el vértigo. Los cambios se suceden con un ritmo muy superior al que ocurrían a finales del siglo pasado. Otro, quizá el más relevante, que las modificaciones alcanzan todo tipo de actividades, incluidos los aspectos más personales de nuestra vida. No quedan rincones exentos al cambio, la innovación se ha hecho un suceso cotidiano. La demostración más palmaria e inmediata puede ser la implantación de la tecnología 5 G con lo que se denomina “Internet de las cosas”, a la espera de lo que pueda dar de sí a corto plazo la extensión de la robótica. Es frecuente que al abordar estos asuntos nos pongamos las barbas largas de profeta y nos dediquemos a vaticinar cómo será el mundo en unos años, todo con muchos añadidos futuristas sobre por dónde brotarán más start ups y spin offs, por decirlo con palabras habituales en este foro. Seré bastante más contenido: lo que nos están diciendo estos procesos es que ninguna sociedad desarrollada va a quedarse ni podrá quedarse al margen de la carrera global de la ciencia, los avances tecnológicos y el apoyo al talento. El ”¡que inventen ellos!”, aquel exabrupto de Unamuno, no tiene hoy sentido alguno. Ellos ya inventan, por todas partes; quienes tenemos que preocuparnos de innovar somos nosotros. Todo esto, insisto, es trasladable a múltiples ámbitos. Ahora bien, por centrarnos en lo que hoy nos ocupa, si hay uno donde adquiere especial importancia es en el mundo empresarial. De tal modo que si el Centro Europeo de Empresas e Innovación fue muy buena idea en 1994, hoy es una realidad imprescindible. En estos 25 años, el centro ha atendido a cerca de 13.000 emprendedores, generado unos 3.900 empleos e impulsado 261 empresas de base tecnológica. Que la tasa de supervivencia empresarial alcance un 75%, un 33% más que la media nacional, constata un trabajo bien hecho y riguroso. Son números de éxito y aprovecho este acto para reconocerlo públicamente. Para el Ejecutivo del Principado, este centro es una referencia obligada. Cómo no va a serlo si el Gobierno de Asturias está empeñado en hacer de la apuesta por la ciencia, la innovación y el desarrollo tecnológico uno de sus rasgos más distintivos. Como apoyo a la labor de este organismo, la Consejería de Ciencia, Innovación y Universidad creará un mapa del ecosistema innovador, cuyo fin último es que aflore toda la innovación que hoy se realiza en Asturias, probablemente mucha más de la que se conoce. Además, para fomentar la colaboración público-privada desarrollaremos los laboratorios abiertos (open labs), que facilitarán la cooperación de los investigadores de las empresas con los entes públicos y así impulsar productos de alto contenido tecnológico. Son iniciativas concretas, pero me gustaría lograr algo más: conseguir que se convierta en un objetivo del empresariado, de los sindicatos y la Universidad, de todo el tejido social; lograr, en fin, que sea una gran aspiración compartida de la sociedad asturiana. Propongo que seamos muy ambiciosos, sin miedo al fracaso. Algunos de ustedes recordarán el desdén inicial con el que fue recibida la decisión estratégica de impulsar el desarrollo turístico del Principado, hoy uno de sus sectores económicos más dinámicos. Doy por hecho que en este caso ocurrirá lo mismo: siempre habrá personas y grupos escépticos que nos desanimarán, que nos dirán que jamás podremos alcanzar los niveles de tales o cuales regiones europeas, estadounidenses o asiáticas, que estamos condenados a conformarnos con un discreto lugar en la segunda fila. Que nos resignemos. Desde luego, esa no es la forma de hacer realidad un proyecto, sino de salir derrotado de antemano. Al contrario, pensemos que la combinación de tradición industrial y de centros tecnológicos reconocidos internacionalmente nos sitúa en una posición de ventaja. Pensemos, por citar un área de actividad, en nuestro potencial biomédico. El miércoles, en una visita a la planta de Bayer de Lada y en un homenaje a la recientemente desaparecida Margarita Salas tuve oportunidad de subrayarlo. Pues bien, recordemos que este mismo centro ya ha impulsado la puesta en marcha de más de 40 empresas innovadoras vinculadas a la biotecnología y a las ciencias de la vida y la salud. Pensemos, sobre todo, que cuanto más despuntemos en el emprendimiento innovador mejor le irá a Asturias. Un órgano consultivo de la Unión Europea, el Comité de las Regiones, ha distinguido a Asturias como Región Emprendedora Europea 2019, una denominación que reconoce a los territorios con la visión más prometedora. Entendámoslo como un estímulo, porque aún nos queda mucho trecho por recorrer. Una de las mejores maneras de hacerlo es, como ya señalé, fomentando la colaboración entre la iniciativa privada y las instituciones públicas, lideradas por la Consejería de Industria y el IDEPA, para que Asturias sea un terreno fértil para las personas emprendedoras y la innovación tecnológica. Hoy, las empresas premiadas en este acto nos dan dos buenas pruebas de que es una meta superable. De hecho, esta institución, el Centro Europeo de Empresas e Innovación, lleva 25 años demostrándolo. Por ello, de nuevo, enhorabuena. Muchas gracias.

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