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Intervención del Presidente del Principado de Asturias, Adrián Barbón

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Homenaje a Margarita Salas

La semana pasada pudimos escuchar la música del genoma. En concreto, el genoma de la leucemia linfática crónica. Más de un centenar de estudiantes de ocho colegios asturianos se dedicaron a interpretar su secuencia como si fuera una partitura. Después, decidieron dedicar esas melodías, acaso el primer concierto genómico del mundo, a una persona: a Margarita Salas, a la científica valdesana que hoy homenajeamos No sabía que el genoma se pudiera escuchar. Tal cosa no se me habría ocurrido nunca: musicar el genoma me parece algo así como arrimar el oído al sonido de fondo de la vida. Debo reconocer la creatividad de la Consejería de Ciencia, Innovación y Universidad, que fue la promotora de la iniciativa. Pero vayamos un poco más allá. Si todo esto es posible, si hoy aquí empleamos con tanta naturalidad estas palabras cargadas de significados complejos, si las terapias génicas se han convertido en una gran ventana de esperanza para el tratamiento de enfermedades, es porque hay, ha habido personas que consagraron su enorme capacidad a la biología molecular. Personas de excelencia científica mundial como, de nuevo, Margarita Salas. Ella debería estar hoy aquí, como en otras ediciones, para entregar las becas Severo Ochoa. Falleció el día siete, no hace siquiera dos semanas, y aquel jueves también fue posible oír otro sonido: el de la condolencia compartida del mundo de la ciencia por haber perdido una de sus figuras señeras. La biografía de Margarita Salas es conocida. Al igual que ocurre con la de tantas otras mujeres sobresalientes dedicadas a la investigación, necesita mayor atención, pero seguramente este es un foro en el que no hace falta reiterar detalles de su vida, subrayar su vinculación con Severo Ochoa ni resaltar la contribución de sus hallazgos para comprender los mecanismos de replicación genética. Permitan, permitid, por tanto, que ponga el acento en otras facetas relacionadas con su traza vital. Margarita Salas, por ejemplo, siempre tuvo claro que la ciencia no se desarrolla por si sola ni es resultado del juego de dados del azar, sino que necesita un entorno propicio, con medios y acicates. La ciencia de excelencia, solía decir, se consigue con investigadores de excelencia. Convencida de ello, luchó siempre por facilitar la carrera investigadora de los jóvenes, por ensanchar el caudal científico en España. Ante este ejemplo, la pregunta que debemos hacernos todos, y en particular quienes ejercemos una responsabilidad de gobierno, no es si hay personas con talento entre nosotros, sino si hacemos todo lo posible para que ese talento prenda y crezca. La emoción por descubrir que impulsó a Ochoa y a Salas, el mismo estímulo intelectual que anima a Carlos López Otín o cualquier investigador, necesita un lugar fecundo para desarrollarse con toda su potencia. Expreso la interrogación en voz alta: ¿lo estamos haciendo? Nuestra bioquímica también sabía que su envergadura científica le permitía dar visibilidad a las mujeres. Ella misma confesó que en sus inicios se sintió una suerte de “bicho raro” que deambulaba con la bata blanca puesta en laboratorios de hegemonía masculina. Tal vez por esos comienzos fue consciente de que desde su posición podía contribuir a dar visibilidad a las mujeres en ámbitos en los que durante décadas habían ocupado un segundo plano, cuando no habían sido silenciadas. Al convertirse en la primera presidenta del Instituto España, que agrupa todas las academias, o al ser la primera española en ingresar en la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos ayudó a quebrar algunos de esos “techos de cristal”. De nuevo, planteo otra pregunta. ¿Podemos darnos por contentos con lo avanzado hasta ahora o tenemos que seguir promoviendo medidas que repercutan a favor de la igualdad, en especial en el ámbito de la ciencia, las matemáticas y la tecnología? Voy con la tercera y última faceta que me gustaría destacar. Figura de talla internacional, Margarita Salas demostró una y otra vez su compromiso con Asturias. No sólo ejerció como una de las mejores embajadoras de la ciencia española, también lo fue del Principado, sin dolerle prendas ni caerle los anillos por ello. La habréis leído y escuchado hablar de su tierra continuamente en entrevistas y charlas. Asumió la presidencia del Consejo Social de la Universidad de Oviedo en años complejos y lideró el consejo asesor de expertos del Campus de Excelencia de la institución académica en un momento decisivo, cuando había logrado ser una de las nueve primeras de todo el país en conseguir un sello de calidad internacional. También en este caso la cuestión es obligada. ¿Se puede hacer algo más para mantener esa vinculación con Asturias? ¿No deberíamos esforzarnos más para aprovechar el talento que reúnen la universidad y los centros de investigación para utilizarlo como una especie de distintivo de prestigio de nuestra capacidad científica? Como habréis advertido, son preguntas retóricas. Todas y todos sabemos las respuestas adecuadas: que hemos de apoyar más la ciencia, que debemos favorecer la igualdad también en el ámbito científico, que tenemos que esforzarnos para retener y apreciar el talento. Pues pongámonos a ello. Precisamente, aprovecho este acto para anunciar que el Gobierno de Asturias creará un programa de atención y retención del talento científico que llevará el nombre de Margarita Salas en memoria de la insigne bioquímica. Estará destinado a científicos y científicas de contrastada experiencia internacional que se encuentren en centros de investigación nacionales o extranjeros para que puedan desarrollar su carrera en Asturias. Esta iniciativa había sido ideada hace meses. Queríamos que Margarita Salas fuese la madrina del programa. Pensábamos formalizar la propuesta hace días, durante la Semana de la Ciencia, pero su fallecimiento nos llevó a retrasarla para expresarla hoy aquí como muestra de homenaje. Esperamos que la aprobación del presupuesto de 2020 nos permita ponerlo en marcha cuanto antes. El Gobierno de Asturias pretende que el nombre de Margarita Salas se convierta en un referente continuo de la vocación científica, la capacidad investigadora y el compromiso con Asturias. Como la música del genoma, esta es nuestra dedicatoria.

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