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Intervención del Presidente del Principado de Asturias, Adrián Barbón

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Conmemoración de los 120 años de Bayer en España

Empiezo con una confesión: reconozco que la tensión política puede causar dolor de cabeza a cualquiera. De hecho, no me extrañaría que los últimos meses hayan provocado más de una migraña pertinaz en propios y ajenos. Así que hoy tenemos muchos motivos para celebrar encontrarnos, gracias a su invitación, en el único centro de producción mundial de ácido acetilsalicílico de Bayer. Si pensamos que cada día se consumen en el mundo unos 216 millones de aspirinas, podemos concluir que aquí, en La Felguera, tenemos bien garantizado el abastecimiento. Estamos a cubierto. Bromas aparte, el Gobierno de Asturias tiene serias razones para agradecerles su labor. Bayer, que va camino de los 80 años en la cuenca, ha realizado varias inversiones millonarias durante los últimos años. Con ellas, ha fortalecido su capacidad productiva, ha renovado sus equipos y, como comprobamos en esta visita, ha remodelado incluso su edificio de oficinas. Todos estos desembolsos son la prueba más consistente del impulso de la empresa a la planta de La Felguera. Sin asomo de duda, son buenas noticias. Dije antes que Bayer, que cumple 120 años de presencia en España, se acerca a las ocho décadas en Langreo. Ustedes, que conocen la historia de la factoría, saben que este emplazamiento está relacionado con el desarrollo minero, porque se aprovechaban derivados del carbón para obtener los ingredientes básicos del compuesto, el anhídrido acético y el ácido salicílico. Ahora ya no se sintetizan de la misma forma, pero así fueron los principios. En todo caso, lo que pretendo subrayar no es la reacción química, sino la vinculación de esta planta con la tradición más propia de esta comarca, la que deriva de su entraña mineral. Ahora, les propongo un ejercicio de imaginación. Piensen un instante en el paisaje fabril de la cuenca. ¿Qué les viene a la cabeza? Pues, seguramente, castilletes, humo de térmicas, grandes naves de talleres. Nos cuesta pensar que ya existe otra industria ligada a la fabricación de medicamentos, aunque lleve casi 80 años incrustada en su tejido económico. Ese es el esfuerzo que hemos de hacer: acostumbrarnos a ver, a imaginar otra realidad, la que se impondrá con el nuevo modelo de desarrollo al que estamos abocados. Yo nací unos cuantos kilómetros más valle arriba, en Laviana, continúo residiendo allí y durante toda mi vida he asistido a la progresiva transformación de esa postal que acabo de bosquejar. Me he preocupado siempre por la repercusión empresarial y laboral, por las consecuencias en la vida de mis vecinas y vecinos, siento como el primero el impacto emocional de ese cambio, pero asumo que el porvenir industrial de Asturias nunca puede construirse sobre la añoranza del pasado. Hemos de defender lo que tenemos, pero asumamos que estamos en puertas de una gran transformación, del alumbramiento de un nuevo paradigma económico que será sostenible, limpio y caracterizado por una vertiginosa exigencia de innovación científica y tecnológica. Hablo de transición ecológica y de transición del conocimiento, que habrán de caminar forzosamente emparejadas. El Gobierno de Asturias va a hacer esa apuesta. No nos vamos a quedar detenidos en la nostalgia, sino que vamos a ir hacia el futuro. Estamos comprometidos con la defensa de una transición ecológica justa, pactada y pautada y vamos a comprometernos también con la ciencia y la innovación, como demostraremos con el próximo proyecto de presupuestos. Dejaremos constancia del apoyo a la investigación desde el principio del mandato porque si queremos asegurar el futuro de Asturias no debemos perder ni un minuto en ese empeño. Este es un lugar adecuado para enfatizarlo. Estamos en una empresa que fabrica una de las pastillas más conocidas del mundo, una píldora que viajó al espacio con el Apolo XI hace ya medio siglo. Hablar de Bayer es referirse a una larga y acreditada trayectoria científica que se distingue por su capacidad innovadora. Además, la biomedicina forma parte precisamente de una de las dos grandes misiones que promoverá el Gobierno del Principado, tarea en la que está aplicada la Consejería de Ciencia, Innovación y Universidad. Contamos con el talento y la infraestructura para ello, como la que ofrece nuestra red hospitalaria, y ya estamos desplegando líneas de trabajo con ese gran proyecto que es la Fundación para la Investigación Biosanitaria de Asturias (FINBA). Debemos hablar mucho de estas nuevas fronteras que queremos alcanzar. Es especialmente oportuno que lo hagamos desde aquí, desde Lada, un lugar afectado de lleno por la clausura de una central térmica. Hoy no reiteraré las demandas de mi gobierno respecto a ese proceso, de sobra conocidas: reclamamos compensaciones justas para esas decisiones de cierre. Lo que esta mañana pretendo destacar es un mensaje de confianza racional, argumentada sobre nuestras capacidades. Estamos inmersos en un cambio de modelo y la alternativa no es negarlo, sino afrontarlo de modo ordenado, aprovecharlo para edificar un nuevo porvenir. Esta misma semana, el lunes, asistí en Gijón a la inauguración de una nueva terminal de carga de cemento del grupo Masaveu. Recordé en aquel acto que los planes de inversión previstos ahora mismo en la industria asturiana superan los mil millones. Bayer, que ha acometido sucesivas inversiones durante los últimos ejercicios, forma parte de ese grupo de empresas que nos demuestran su ambición, en este caso su compromiso con el futuro de la cuenca, que es también el futuro de Asturias. Ya concluyo. Espero que mis palabras no obliguen a nadie a recurrir al alivio de la producción de esta factoría. En todo caso, les aseguro que pueden hacerlo con la certeza de que su acetilsalicílico cumple todos los estándares de calidad. Ahora, completamente en serio, gracias por su invitación y por su vinculación con Asturias.

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