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El arzobispo de Zaragoza anima a pedir el día del Pilar por los damnificados por la pandemia y la erupción de La Palma

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ZARAGOZA, 10 (EUROPA PRESS)

El arzobispo de Zaragoza, monseñor Carlos Escribano, ha animado a pedirle a la Virgen del Pilar, el día de su fiesta, 12 de octubre, por los más vulnerables “y todos los que sufren en tantos lugares del mundo”, especialmente los damnificados por la pandemia del coronavirus y por los que están padeciendo por la erupción volcánica de La Palma.

En su carta dominical de este domingo, 10 de octubre, afirma que este año tiene para él una “resonancia especial” puesto que, después de un tiempo fuera de Zaragoza, va a participar en esta fiesta por primera vez como arzobispo: “Reconozco que me siento muy honrado”.

Según cuenta en la carta, a monseñor Escribano le gusta acercarse a la Basílica del Pilar a presentar a la Virgen “nuestras necesidades como Iglesia diocesana, a pedirle ayuda y sabiduría para servir con alegría y rogarle especialmente por los enfermos, por los que más sufren y por las familias y los jóvenes de nuestra diócesis”.

Relata también cómo vive esos momentos de cercanía en la intimidad de la oración, “compartidos con muchos de vosotros en la Santa Capilla”, cuya belleza “nos ayuda a vivir esos momentos de oración”.

Explica al respecto que siempre le han parecido “muy sugerentes” las imágenes de su retablo, como la Virgen María, en su Venida a Zaragoza, mira a Santiago y a los varones apostólicos. “En ellos, expectantes, muchas veces se siente uno reflejado” y “las miradas de aquellos personajes buscan, transmiten inquietud, se rompen, incluso parecen perderse sin terminar de descubrir la grandeza de una presencia que, a lo largo de la historia, nos ha desvelado lo que significa la figura de María, su Venida a Zaragoza y el Pilar puesto allí por ella, como expresión y cimiento de nuestra fe”.

Ha añadido: “En este año os pediría que, a pesar de que las celebraciones de nuestra fiesta van a ser más restringidas por la lógica prudencia sanitaria, hiciésemos un esfuerzo por estar muy cerca de la Madre” y “nos uniéramos a la ofrenda de flores, aunque físicamente no podamos desplazarnos hasta allí, presentándole nuestras necesidades”.

Además, solicita tener presente el proyecto evangelizador para los próximos años, en un momento en el que la sociedad “ha cambiado mucho” y “necesita testigos alegres del Evangelio”.