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Sierra Nevada: la montaña de las mariposas

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Los hábitos cambiantes de los lepidópteros, muy sensibles a las variaciones climáticas, funcionan como un indicador de los efectos del cambio climático en este Parque Nacional


El Parque Nacional y Natural de Sierra Nevada cuenta con numerosos recursos medioambientales y entre ellos, dispone de un curioso indicador que, a modo de luz roja, está avisando sobre los efectos del cambio climático ya palpables sobre el territorio. Estos indicadores son las mariposas, unos insectos muy sensibles a las variables meteorológicas, a cambios de usos del suelo o a la irrupción de especies invasoras, y cuyo estudio ha demostrado cómo se está modificando su presencia en este parque.

En este sentido, el seguimiento realizado por el Observatorio de Cambio Global de Sierra Nevada desde 2008 ha demostrado cómo se está produciendo un ascenso de la altitud en la que se forman las comunidades de estos insectos. Las especies típicas de media montaña se empiezan a hacer más patentes en las zonas de cumbres, mientras que aquellas especies más estrechamente asociadas a las zonas más elevadas van perdiendo densidad y presencia.

Sierra Nevada cuenta con una amplia representación de mariposas en el macizo, con más de 120 especies referenciadas. Entre ellas, se encuentran especies endémicas y amenazadas, lo que nos ayuda a entender por qué es un enclave absolutamente privilegiado para las mariposas diurnas en un contexto europeo. Sierra Nevada aglutina más de la mitad de todas las que viven en la Península Ibérica, tres veces más que las existentes en el Reino Unido (59) y la mitad que en Francia (235), y todo ello en un espacio infinitamente más reducido, lo que muestra la importancia biológica del macizo.

La distribución de esta diversidad no es homogénea, sino que se concentra en áreas caracterizadas por unas condiciones de media-alta montaña, con una altitud de en torno a los 1.500 a 1.900 metros sobre el nivel del mar. En total se han identificado seis áreas de especial importancia para las mariposas diurnas en el conjunto de Sierra Nevada. En estas zonas, además, coincide una elevada diversidad con una numerosa presencia de lepidópteros. Es decir, se ven muchos individuos (hasta 200 mariposas por cada hectárea de territorio) y de multitud de especies diferentes.

El estudio de estas comunidades de mariposas se realiza mediante tareas de seguimiento en un total de 21 zonas acotadas para realizar el censo que son visitados una vez cada dos semanas entre los meses de marzo y septiembre. Cinco de estos transectos son realizados por voluntarios, mientras que el resto son cubiertos por técnicos de la Agencia de Medio Ambiente y Agua de Andalucía en colaboración con personal del Parque Nacional y Parque Natural de Sierra Nevada.

Un par de ejemplares de mariposa arlequín (Zerynthia rumina).

Gracias a este seguimiento, se ha podido determinar que la afección del cambio climático en las mariposas no sólo se ha detectado en una modificación en su distribución territorial en Sierra Nevada, sino también, en una reducción del número de individuos presentes e, incluso, está demostrado cómo el incremento de las temperaturas está afectando al ciclo biológico de estos lepidópteros. Tal es el caso de la ‘mariposa apolo’ de Sierra Nevada (Parnassius apollo nevadensis), uno de los emblemas de los paisajes nevadenses, cuyos adultos comienzan a aparecer antes año tras año.

Los datos disponibles en el Observatorio implican un incremento de temperaturas en Sierra Nevada de aquí a finales de siglo de aproximadamente 2,56º a 6,2ºC (según los escenarios, más o menos optimistas de emisiones de CO2). Este nuevo contexto meteorológico conlleva aún incertidumbres, pero todo parece indicar que se reflejará tanto en la ‘mariposa apolo’ como en otras especies dependientes de las condiciones de alta montaña.

En cuanto a las poblaciones de este insecto en otras ubicaciones, la ‘mariposa apolo’ se encuentra al borde de la extinción en las sierras de Baza y Filabres, algo que ya ocurrió anteriormente en la Sierra de Gádor, y sobre su presencia en la Sierra de María-Los Vélez existe poca información actualmente.

Parece evidente, pues, que el cambio climático es un factor a tener en cuenta en la conservación de la exclusiva biodiversidad de alta montaña de Sierra Nevada, una de las más ricas de todo Europa.

Observatorio de Cambio Global de Sierra Nevada

El Observatorio de Cambio Global de Sierra Nevada tiene su origen en una iniciativa internacional impulsada en 2003 por la Unesco, que persigue el estudio de los efectos del cambio climático en las regiones de montaña. Las montañas se constituyen como laboratorios naturales porque son muy sensibles a los cambios ambientales, y se trata de espacios muy poco afectados por actividades antrópicas y porque acogen además a especies extintas en otros lugares o con un área de distribución muy limitada por la altitud.

Una ortiguera o mariposa de la ortiga (Aglais urticae) con las alas extendidas.

En estos laboratorios, los cambios por afecciones ambientales se producen de forma más rápida y en menos distancia que en otros terrenos a menor altitud. El parque granadino es el único espacio de montaña español que participa en esta iniciativa internacional, en las que están presentes también otros 27 territorios.

Desde esta experiencia de base, la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible de la Junta de Andalucía, con el apoyo científico de la Universidad de Granada, viene sustentando desde 2008 todos los estudios de campo que desarrolla en Sierra Nevada el Observatorio de Cambio Global y que abarcan diversas facetas medioambientales, como es la evolución de la capa de nieve, el seguimiento de las lagunas de alta montaña o la evolución de especies acuáticas como las truchas o los macroinvertebrados acuáticos, entre otros. Todo este trabajo ha situado al Observatorio en referente de seguimiento de cambio global en regiones montañosas a nivel internacional.

Este programa pretende determinar el grado de exposición al cambio al que están expuestos los ecosistemas nevadenses en los nuevos escenarios, su grado de sensibilidad a dicho cambio, y su capacidad de adaptación al mismo, fomentando su resiliencia mediante las medidas de gestión adecuadas.

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