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Investigadores de la UMA analizan la tasa de mortalidad de las aves en las islas Galápagos

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MÁLAGA, 4 (EUROPA PRESS)

Las consecuencias de la intensa actividad humana en las islas Galápagos se reflejan en la mejora de las carreteras, el aumento de vehículos motorizados o el mayor volumen de tráfico, pero también son visibles los efectos nocivos sobre la fauna insular.

Con el objetivo de analizar la mortalidad de las aves en un territorio clave para la conservación del medio natural, un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Málaga (UMA) en las carreteras de las islas pone de manifiesto un crecimiento de la tasa de mortalidad anual, especialmente acusada en el caso de las especies endémicas, exclusivas de esta zona.

El estudio, publicado en una de las revistas más prestigiosas sobre ornitología a nivel mundial, Avian Conservation & Ecology, se llevó a cabo en Santa Cruz, la isla con mayor población del archipiélago de las Galápagos, un entorno emblemático en la conservación del medio natural que acoge especies icónicas como los pinzones de Darwin, las tortugas gigantes de Galápagos o las iguanas marinas.

No obstante, el crecimiento de la población insular, que ha pasado de los escasos 1.000 residentes a los más de 25.000 desde mediados del pasado siglo, sumado a una creciente actividad turística, ha provocado numerosos efectos negativos, han explicado la UMA en un comunicado.

“Se crean barreras ecológicas, se fragmenta el hábitat, se favorece la propagación de especies exóticas y aparece como nueva causa de mortalidad el atropello. Únicamente conociendo en detalle las circunstancias en las que se producen los accidentes se podrán dar respuestas y soluciones al problema”, han apuntado Antonio Román Muñoz y José María García, investigadores del estudio, pertenecientes al Departamento de Biología Animal de la Facultad de Ciencias de la UMA.

A través de un proyecto de Cooperación Internacional financiado por la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo y la Universidad de Málaga, y en colaboración con las entidades locales Galapagos Conservancy y la Fundación Charles Darwin, la investigación pudo ponerse en marcha.

Para abordar el estudio, se emprendieron recorridos diarios en bicicleta a lo largo de dos tramos de carretera con diferente intensidad de tráfico, buscando en ellos a todas las aves accidentadas y señalando para cada ejemplar encontrado la especie, la edad, el sexo, la localización exacta y el tiempo de permanencia.

Los investigadores encontraron, durante el periodo de estudio, 168 cadáveres entre Puerto Ayora y El Cascajo, con ejemplares de siete especies distintas –seis nativas y una invasora–, donde la más afectada era la Reinita Manglar de Galápagos (Setophaga petechia aureola).

No obstante, se hallaron diferencias entre las dos carreteras analizadas: en el primer tramo, con tráfico intenso, se encontraron 125 aves; en el segundo, por su parte, se detectaron 43, con una densidad de 18.27 y 8.18 aves atropelladas por kilómetro, respectivamente.

En relación con las tasas de mortalidad localizadas en otras regiones del mundo, esto supone una cifra “considerablemente alta” según el estudio. Asimismo, en comparación con otras especies continentales, las propias características de esta fauna insular, más aislada, le otorgan mayor vulnerabilidad al impacto de la actividad humana.

POSIBILIDAD DE CAMBIO

Asimismo, han precisado que, además de la evidencia de distintos grados de mortalidad en las dos carreteras donde se produjo el muestreo, es patente una mayor concentración en ciertas zonas donde se observan unas características concretas.

A partir del hallazgo de estos puntos negros específicos, los investigadores proponen actuar en ellos para disminuir considerablemente el impacto del tráfico sobre la avifauna insular y promover su protección en las islas Galápago, al igual que inciden en la necesidad de continuar con las investigaciones sobre el impacto de las carreteras en la vida silvestre de este enclave natural.

Por su parte, este estudio contribuirá al desarrollo de medidas de gestión del tráfico, especialmente orientadas a reducir la velocidad de los vehículos en tramos concretos, las cuales, según Muñoz, permitirán compatibilizar el desarrollo de la isla con el mantenimiento de la biodiversidad en un lugar icónico.

En este sentido, en la actualidad se continúa ampliando la investigación a través de la Fundación Charles Darwin, que ha emprendido un proyecto para identificar las áreas de mayor accidentalidad para las aves a lo largo de la carretera que atraviesa la isla de Santa Cruz de norte a sur, desde el canal de Itabaca hasta Puerto Ayora.

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